Antes de convertirse en una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo, de romper récords millonarios en subastas y de transformarse en icono cultural, Jean-Michel Basquiat era simplemente “Jean”: un joven que pintaba, hacía grafitis y recorría el Nueva York alternativo de finales de los años setenta.
Esa etapa previa a la fama es la que recupera la exposición Our Friend, Jean, inaugurada este sábado en The Bishop Gallery, espacio ubicado en Brooklyn, el distrito donde nació el artista.
La muestra reúne dibujos, collages y fotografías creadas entre 1979 y 1980, antes de que Basquiat alcanzara reconocimiento internacional.
La exposición gira en torno a la colección de Alexis Adler, fotógrafa y científica que compartió apartamento con Basquiat en el East Village de Manhattan durante los años en los que el artista sobrevivía vendiendo postales y chaquetas intervenidas por él mismo.
Algunas de esas postales fueron enviadas por Basquiat a Andy Warhol, quien más tarde se convertiría en uno de sus principales mentores.
Muchas de las piezas exhibidas fueron creadas en el apartamento de la calle 12 donde ambos vivían y que, de manera improvisada, terminó funcionando como el primer estudio del artista.
“Ahí fue donde empezó todo”, explicó Erwin John, cofundador y director asociado de The Bishop Gallery, quien señaló que también fue en ese espacio donde el galerista Diego Cortez vio por primera vez el trabajo de Basquiat, encuentro que impulsaría posteriormente su carrera.
Aunque estas obras aún están lejos de los grandes lienzos que después lo harían famoso, ya reflejan temas que marcarían toda su producción artística, como el racismo, la desigualdad social y la identidad negra.
“Se puede ver que tenía algo que decir desde el principio”, señaló John, quien destacó que, pese a la percepción de que Basquiat era impulsivo y caótico, en realidad era “extremadamente inteligente” y tenía plena conciencia de cómo deseaba transmitir sus mensajes.
La exposición también muestra una faceta más íntima y cotidiana del artista mediante fotografías tomadas por Adler, donde aparece improvisando performances, trabajando sobre papeles adheridos a las paredes o posando con objetos encontrados en la calle.
Según John, desde entonces Basquiat ya mostraba la ambición y el carisma que posteriormente lo convertirían en un creador “rebelde y fascinante”.
Hijo de padre haitiano y madre puertorriqueña, Basquiat murió en 1988 a los 27 años a causa de una sobredosis, pero su figura continúa creciendo entre nuevas generaciones atraídas por la mezcla de crítica social, cultura urbana y libertad presente en su obra.
La exposición coincide con un momento de enorme vigencia en el mercado del arte. Esta semana, su obra Museum Security (Broadway Meltdown), de 1983, fue vendida por 52.7 millones de dólares en una subasta de Sotheby’s en Nueva York.
Además, su pintura Untitled (1982) alcanzó 110.5 millones de dólares en 2017, una de las cifras más altas pagadas por una obra contemporánea.
Pese al fenómeno comercial alrededor de su legado, Our Friend, Jean busca enfocarse en la dimensión humana del artista y mostrar al joven creador que todavía desconocía que terminaría convertido en una leyenda.
La muestra coincide además con otras actividades dedicadas a los años formativos del artista, entre ellas la proyección del documental Boom for Real: The Late Teenage Years of Jean-Michel Basquiat en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.






