La creciente frustración de las juventudes latinoamericanas con la política tradicional se ha convertido en uno de los principales desafíos para la democracia en la región, especialmente ante los próximos procesos electorales en países como Perú, Colombia y Brasil.
Aunque el desencanto se refleja en bajos niveles de participación electoral y desconfianza hacia las instituciones, las recientes movilizaciones sociales encabezadas por jóvenes también muestran una exigencia cada vez mayor de representatividad y respuestas concretas a sus necesidades.
Este panorama será uno de los ejes centrales del foro “Gobiernos del futuro: Expectativas de la Juventud”, organizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo con apoyo de Agencia EFE, que se celebrará los días 19 y 20 de mayo en Brasilia.
Perú: jóvenes entre el desencanto y la movilización
En Perú, donde se celebrará la segunda vuelta presidencial el próximo 7 de junio, la juventud mantiene interés por la política, aunque una parte importante se siente alejada de las opciones electorales.
Una encuesta del Instituto de Estudios Peruanos reveló que 37 por ciento de los jóvenes optaría por votar en blanco o nulo antes que respaldar a Keiko Fujimori o Roberto Sánchez.
Sin embargo, este interés también se manifestó en las protestas protagonizadas por integrantes de la Generación Z a finales de 2025, movilizaciones que rompieron con la percepción de apatía juvenil frente a la crisis política que vive el país desde hace varios años.
Yackov Solano, estudiante de Comunicación Social, señaló que su participación en estos movimientos sociales lo motivó a estudiar Ciencias Políticas para prepararse e involucrarse directamente en la vida pública.
Brasil: participación creciente y crisis de confianza
En Brasil también se observa un mayor interés juvenil en los procesos electorales. Datos recientes muestran que el registro de votantes de entre 16 y 17 años aumentó 78 por ciento durante las elecciones municipales de 2024.
No obstante, especialistas advierten que la participación juvenil continúa limitada por las deficiencias en la educación cívica dentro de las escuelas.
Helena Salvador, integrante de la organización Pacto por la Democracia, señaló que muchos jóvenes terminan formándose políticamente dentro de sus hogares, donde además influye la creciente desconfianza institucional.
Según la encuestadora Quaest, 43 por ciento de la población brasileña desconfía de las urnas electrónicas utilizadas en el país.
Colombia: participación tras el estallido social
En Colombia, el impacto del estallido social de 2021 continúa influyendo en la participación política de las juventudes.
Una encuesta del Observatorio Javeriano de Juventud reveló que 18 por ciento de los jóvenes dejó de expresar públicamente sus opiniones políticas por miedo a convertirse en víctimas del conflicto armado.
Pese a ello, el investigador Mateo Ortiz destacó que las protestas de 2021, surgidas en rechazo a una reforma tributaria impulsada por el entonces presidente Iván Duque, incrementaron el involucramiento juvenil en las elecciones presidenciales de 2022, ganadas por Gustavo Petro.
De cara a las próximas elecciones del 31 de mayo, especialistas consideran que los candidatos deberán impulsar programas integrales dirigidos a las juventudes y abrir mayores espacios de participación y debate.
Argentina: crece el ausentismo juvenil
En Argentina, la Cámara Nacional Electoral expresó recientemente su preocupación por los bajos niveles de participación entre jóvenes y adolescentes.
Durante las elecciones legislativas de 2025, el ausentismo entre personas de 18 a 24 años alcanzó 33.6 por ciento, mientras que entre adolescentes de 16 y 17 años superó el 51 por ciento.
Un estudio elaborado por UNICEF Argentina y el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento reveló que ocho de cada diez jóvenes tienen poca o ninguna confianza en la dirigencia política actual.
No obstante, más de la mitad considera importante participar en las elecciones, incluso cuando no exista una opción política que los represente completamente.
Para el antropólogo y sociólogo Pablo Semán, este fenómeno refleja principalmente una desconexión entre la política tradicional y las nuevas generaciones, más que una falta de interés de las juventudes por involucrarse en los asuntos públicos.




