El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, canceló a última hora la firma de un decreto sobre inteligencia artificial (IA) luego de recibir presiones de destacados líderes de la industria tecnológica, entre ellos Elon Musk, Mark Zuckerberg y el exasesor de la Casa Blanca para temas de IA y criptomonedas, David Sacks.
De acuerdo con reportes de medios estadounidenses, el decreto contemplaba la creación de un mecanismo voluntario mediante el cual las empresas desarrolladoras de inteligencia artificial informarían al gobierno federal sobre nuevos modelos avanzados antes de su lanzamiento comercial, con el objetivo de evaluar posibles riesgos para la seguridad nacional y la ciberseguridad.
Según información publicada por The Washington Post, David Sacks argumentó ante Trump que las medidas propuestas podrían retrasar el desarrollo de nuevos productos, disminuir la competitividad de Estados Unidos frente a China y abrir la puerta a futuras regulaciones más estrictas. Musk y Zuckerberg también expresaron directamente sus preocupaciones al mandatario.
La ceremonia de firma fue suspendida apenas horas antes de realizarse, pese a que ya se habían enviado invitaciones a directivos de importantes empresas tecnológicas. Posteriormente, Trump explicó que decidió frenar el decreto porque consideró que algunas disposiciones podrían afectar el liderazgo estadounidense en el sector de la inteligencia artificial.
El borrador original planteaba que las compañías permitieran al gobierno revisar con hasta 90 días de anticipación algunos de sus modelos más avanzados para identificar vulnerabilidades relacionadas con ataques cibernéticos, interferencia extranjera y riesgos para infraestructuras críticas.
La propuesta recibió respaldo de OpenAI, empresa encabezada por Sam Altman, así como de otros sectores que consideran necesario establecer mecanismos de supervisión para tecnologías cada vez más poderosas.
Sin embargo, tras las objeciones de la industria, la administración estadounidense optó por una versión más limitada. El pasado 2 de junio, Trump firmó una nueva orden ejecutiva que mantiene un esquema voluntario de colaboración entre empresas y gobierno, pero reduce el periodo de revisión previa a un máximo de 30 días y descarta cualquier requisito obligatorio de licencias o autorizaciones para el lanzamiento de nuevos modelos de IA.
La decisión refleja el debate que existe actualmente dentro del gobierno estadounidense entre quienes buscan acelerar el desarrollo tecnológico para mantener la ventaja frente a China y quienes advierten sobre los riesgos de seguridad que representan los sistemas de inteligencia artificial más avanzados.






