Atacama, Chile. Considerado uno de los mejores lugares del mundo para observar el Universo, el desierto de Atacama enfrenta una creciente amenaza: la contaminación lumínica generada por ciudades, actividades mineras y proyectos industriales que avanzan cada vez más cerca de los principales observatorios astronómicos de la región.

Astrónomos y científicos han advertido que el incremento de la iluminación artificial podría comprometer la capacidad de realizar observaciones de alta precisión desde instalaciones consideradas estratégicas para la investigación espacial mundial.

En el corazón del desierto opera el Observatorio Paranal, uno de los complejos astronómicos más importantes del planeta, administrado por el Observatorio Europeo Austral. Gracias a sus cielos despejados, la extrema sequedad del ambiente y la casi nula presencia de luz artificial, el sitio ha permitido algunos de los descubrimientos más relevantes de las últimas décadas.

Sin embargo, especialistas alertan que las condiciones excepcionales que han convertido a Atacama en un laboratorio natural para la astronomía están comenzando a deteriorarse.

De acuerdo con la astrofísica Itziar de Gregorio-Monsalvo, la contaminación lumínica en la zona ha mostrado un crecimiento significativo en los últimos años debido a la expansión de actividades industriales y energéticas en el norte de Chile.

La preocupación no es exclusiva de la comunidad científica local. Estudios recientes indican que alrededor del 80 por ciento de la población mundial vive actualmente bajo cielos afectados por contaminación lumínica y que el brillo artificial del cielo aumenta cerca de un 10 por ciento anual.

Los expertos señalan que este fenómeno no solo limita la observación astronómica, sino que también tiene efectos sobre la biodiversidad y la salud humana. Diversas investigaciones han demostrado que la luz artificial altera los ciclos biológicos de animales y plantas, además de reducir el contacto de las personas con el entorno natural nocturno.

El astrónomo Eduardo Unda-Sanzana, de la Universidad de Antofagasta, explicó que durante décadas la principal protección de los observatorios fue el aislamiento geográfico del desierto. No obstante, el crecimiento urbano y económico de la región ha comenzado a reducir esa ventaja natural.

Uno de los casos que generó mayor preocupación fue el proyecto industrial Inna, promovido por la empresa AES Andes, que contemplaba instalaciones cercanas al observatorio Paranal. Un análisis científico estimó que la iniciativa podría incrementar hasta en un 50 por ciento la contaminación lumínica sobre algunos telescopios.

Aunque la compañía anunció en 2026 que no continuará con el proyecto, los investigadores consideran que el riesgo persiste mientras no existan regulaciones más estrictas para proteger los cielos oscuros.

Actualmente, las normas vigentes permiten aumentos de hasta 10 por ciento en el brillo natural del cielo, un parámetro que científicos consideran insuficiente para sitios de valor astronómico excepcional como Paranal.

La Unión Astronómica Internacional actualizó recientemente sus recomendaciones para reducir esos límites y reforzar la protección de observatorios ubicados en regiones con niveles mínimos de contaminación lumínica.

Los especialistas advierten que la pérdida de cielos oscuros tendría consecuencias que van más allá de la astronomía. La construcción de telescopios terrestres de nueva generación, como el Telescopio Extremadamente Grande, depende de entornos con oscuridad casi absoluta para explorar fenómenos cósmicos imposibles de estudiar desde otros lugares.

Para la comunidad científica, preservar la oscuridad del desierto de Atacama significa proteger una ventana única hacia el Universo y garantizar que futuras generaciones continúen teniendo acceso a algunos de los cielos más puros que aún existen en la Tierra.

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