Para millones de trabajadores del sistema público chino, decisiones como casarse con un extranjero, viajar al exterior, divorciarse o incluso mantener determinadas relaciones sociales pueden tener consecuencias profesionales. Bajo el liderazgo de Xi Jinping, las autoridades han ampliado el escrutinio sobre la vida personal de funcionarios y empleados de instituciones estatales, bajo argumentos relacionados con la seguridad nacional, la lucha contra la corrupción y la disciplina partidista.

El caso de una funcionaria cuyo nombre no fue revelado ilustra el alcance de estas restricciones. La mujer estaba a punto de casarse con un extranjero al que conoció durante un viaje, pero sus compañeros de trabajo le pidieron reconsiderar la decisión por instrucciones de un superior.

Las restricciones al matrimonio con extranjeros existen desde hace décadas para determinados funcionarios y personas con acceso a información considerada sensible. Sin embargo, las medidas de control se han ampliado durante el mandato de Xi, que asumió el liderazgo del Partido Comunista Chino en 2012.

De acuerdo con una estimación de la Universidad Fudan, alrededor de 70 millones de personas trabajaban para el Estado en 2020, incluyendo empleados de hospitales, escuelas, universidades y empresas estatales. Esto significa que las reglas sobre seguridad, viajes y conducta personal tienen un alcance que supera ampliamente al de los funcionarios políticos.

Uno de los principales motivos es el reforzamiento de la seguridad nacional. La creciente rivalidad entre China, Estados Unidos y sus aliados ha llevado a Beijing a incrementar las medidas contra el espionaje y a vigilar con mayor atención los vínculos de funcionarios y trabajadores estatales con personas o instituciones extranjeras.

A esto se suma la campaña anticorrupción impulsada por Xi, que busca evitar que funcionarios involucrados en delitos trasladen recursos al extranjero o abandonen el país para evadir investigaciones.

Viajes bajo supervisión

Las restricciones sobre los viajes internacionales también se han endurecido. Empleados de instituciones estatales y públicas, incluidos algunos jubilados, deben entregar sus pasaportes personales y solicitar autorización para utilizarlos.

El procedimiento requiere informar el destino, la duración y las actividades previstas durante el viaje. Una vez autorizado, cualquier modificación debe ser aprobada nuevamente.

Los funcionarios de mayor rango o quienes tienen acceso a información confidencial enfrentan controles todavía más estrictos. En algunos casos, las restricciones continúan incluso después de la jubilación.

Un exfuncionario relató que se le negó un viaje a Europa para asistir a la graduación de su hijo, pese a haber solicitado el permiso con meses de anticipación. Las autoridades le explicaron que se trataba de una “línea roja” que no podía ser traspasada.

Las reglas también contemplan a funcionarios con familiares en el extranjero. Tener cónyuge o hijos viviendo fuera de China puede afectar las posibilidades de ascenso de algunos trabajadores, debido a las preocupaciones sobre posibles transferencias de recursos ilícitos y riesgos de seguridad.

El matrimonio y el divorcio también son vigilados

La vida sentimental tampoco queda fuera de la supervisión. Los funcionarios, particularmente quienes ocupan cargos de liderazgo, deben informar cambios en su estado civil para que las autoridades puedan evaluar posibles vínculos con corrupción u otras conductas consideradas incompatibles con sus responsabilidades.

En el Ejército Popular de Liberación las restricciones son todavía mayores. Antes de contraer matrimonio, los militares deben presentar información sobre su pareja para una revisión de antecedentes políticos, de acuerdo con normas emitidas por la Comisión Militar Central en 2021.

Incluso las relaciones entre militares están sujetas a procedimientos específicos. Cuando ambos integrantes de una pareja pertenecen al Ejército, sus superiores pueden intervenir en caso de separación y se requiere autorización militar para completar un divorcio civil.

Las relaciones extramaritales también pueden derivar en sanciones partidistas. Las normas disciplinarias establecen que mantener una “relación sexual inapropiada” que genere un impacto negativo puede ser motivo de expulsión del Partido Comunista.

La Comisión Central de Inspección Disciplinaria ha utilizado en diversos casos el concepto de “depravación moral” para describir conductas de este tipo al anunciar investigaciones o destituciones de funcionarios.

Hasta las amistades generan cautela

El control también alcanza las relaciones entre compañeros de trabajo. Algunas personas entrevistadas señalaron que las reuniones sociales entre colegas han disminuido por temor a que puedan interpretarse como alianzas internas o generar sospechas.

Algunos trabajadores prefieren reunirse fuera de sus lugares de trabajo y a altas horas de la noche para evitar ser vistos. La situación forma parte de la política de Xi para promover lo que denomina relaciones “limpias y directas” entre los integrantes del Partido Comunista.

La especialista Katja Drinhausen, del centro de estudios Merics, señaló que bajo el actual liderazgo la frontera entre la vida personal, el partido y la función pública se ha vuelto más estrecha.

El analista Kerry Brown, del King’s College de Londres, describió el nivel de exigencia al que están sometidos funcionarios y militares como particularmente elevado, al considerar que el partido termina ocupando un lugar central en su vida.

Un sistema basado en disciplina y lealtad

El Partido Comunista Chino cuenta con más de 100 millones de miembros y mantiene el control central del sistema político desde la fundación de la República Popular China en 1949.

Durante las últimas décadas, la relación entre partido y Estado había experimentado cierta separación institucional, pero Xi ha reforzado la supremacía del Partido Comunista sobre las instituciones públicas, las fuerzas armadas, las escuelas y otros sectores de la sociedad.

Expertos consultados consideran que el objetivo no es únicamente impedir la corrupción o el espionaje, sino consolidar una estructura política basada en disciplina, lealtad y control del comportamiento de sus integrantes.

Las restricciones no siempre constituyen prohibiciones absolutas y muchos funcionarios aprenden a interpretar los límites y adaptar su conducta para evitar sanciones. Para buena parte de ellos, las reglas representan una incomodidad que aceptan a cambio de la estabilidad y el prestigio asociados con un empleo dentro del sistema estatal.

Sin embargo, el endurecimiento de los controles ha transformado la relación entre la vida pública y privada de millones de trabajadores. Bajo Xi Jinping, ser considerado un “buen cuadro” no implica únicamente cumplir con las responsabilidades laborales, sino también mantener una conducta personal acorde con las expectativas políticas y disciplinarias del Partido Comunista.

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