Una nueva investigación aporta la primera estimación directa de la temperatura corporal del Tyrannosaurus rex: alrededor de 36 °C, una cifra comparable con la de los seres humanos y que refuerza la evidencia de que este dinosaurio mantenía un metabolismo elevado.
El estudio, publicado en Science Advances, utilizó una técnica de análisis químico aplicada al esmalte de dientes fósiles. Los investigadores analizaron pequeñas muestras de dos dientes de un ejemplar conocido como Thomas, conservado en el Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles.
La técnica funciona como una especie de termómetro fósil. El esmalte dental conserva determinados enlaces entre isótopos de carbono y oxígeno cuya formación depende de la temperatura. Al medirlos, los científicos pueden estimar la temperatura corporal existente cuando se formó el esmalte.
Los investigadores necesitaron apenas unos miligramos de material. El método fue perfeccionado durante más de una década y redujo aproximadamente 90% la cantidad de fósil necesaria para realizar las mediciones.
Más que un reptil de sangre fría
La estimación de 36 °C se encuentra dentro del rango de numerosos animales endotermos actuales. Los reptiles modernos suelen presentar temperaturas corporales más bajas y dependen en mayor medida del ambiente para regularlas.
El resultado aporta evidencia adicional a una cuestión que los científicos estudian desde hace décadas: si los dinosaurios eran capaces de mantener internamente una temperatura elevada.
El paleontólogo Thomas Holtz, de la Universidad de Maryland, señaló que comparar las mediciones del T. rex con las de organismos de sangre fría de la misma época y región proporciona un elemento adicional para determinar que la temperatura registrada corresponde a una temperatura corporal elevada.
El hallazgo también es consistente con otras evidencias que ya habían relacionado a los dinosaurios con un metabolismo activo. Los dinosaurios pertenecen al mismo gran linaje evolutivo que las aves, cuyos metabolismos son elevados y cuya temperatura corporal suele superar ampliamente la de los reptiles actuales.
Podía vivir en ambientes fríos
La investigación tiene implicaciones para entender la distribución del T. rex. Los científicos combinaron la estimación de temperatura corporal con modelos paleoclimáticos para reconstruir las condiciones existentes en Norteamérica hace aproximadamente 66 millones de años.
Los resultados sugieren que el animal pudo habitar una extensa región, desde el actual México hasta Alaska.
Una huella fósil encontrada en Alaska en 2022 ya había proporcionado evidencia de que los tiranosaurios podían desenvolverse en ambientes considerablemente fríos. Una temperatura corporal elevada ayudaría a explicar cómo podían mantener actividad metabólica en esas condiciones.
Según Robert Eagle, de la Universidad de California en Los Ángeles, un T. rex capaz de mantener una temperatura corporal elevada habría podido sostener actividad física durante periodos más prolongados que un reptil estrictamente ectotermo.
También necesitaba más alimento
Un metabolismo elevado tenía otra consecuencia: mayor demanda energética.
Para mantener una temperatura corporal cercana a los 36 °C, el T. rex habría necesitado consumir cantidades importantes de alimento. Esto lo diferenciaba fisiológicamente de grandes reptiles mesozoicos de sangre fría, que dependían mucho más de las condiciones ambientales para elevar su temperatura y regular su actividad.
Los investigadores consideran que la nueva técnica puede utilizarse con otros dinosaurios para determinar si esta característica estaba extendida entre diferentes grupos.
También podría aplicarse a animales mucho más antiguos, incluidos los antepasados de los mamíferos, para investigar cuándo apareció la capacidad de mantener temperaturas corporales elevadas durante la evolución.






