Las autoridades sanitarias de Suecia recomendaron que los niños no tengan un teléfono inteligente propio antes de los 13 años, al considerar que los riesgos asociados a estos dispositivos superan los beneficios durante las primeras etapas de desarrollo.

La medida fue anunciada por la Agencia de Salud Pública de Suecia, que explicó que la recomendación busca reducir la exposición de los menores a contenidos perjudiciales, prevenir alteraciones del sueño y evitar patrones de uso que puedan derivar en comportamientos similares a una adicción.

Según el organismo, aunque los niños valoran la posibilidad de mantenerse en contacto con familiares y amigos mediante estos dispositivos, diversos estudios han identificado efectos negativos relacionados con su uso temprano.

“El uso se asocia con distracción, presión social y exposición a contenidos y contactos nocivos”, señaló la agencia en un comunicado.

Además, las investigaciones analizadas por las autoridades suecas concluyen que el uso frecuente de teléfonos inteligentes puede afectar la calidad del sueño, un factor clave para el desarrollo físico, emocional y cognitivo de niñas y niños.

Como alternativa, la agencia sugirió que los padres que consideren necesario proporcionar un dispositivo de comunicación a sus hijos opten por teléfonos básicos sin acceso a internet, lo que permitiría mantener el contacto familiar sin los riesgos asociados a redes sociales, aplicaciones y navegación en línea.

La recomendación forma parte de una estrategia más amplia impulsada por Suecia para analizar el impacto de las pantallas en la infancia y la adolescencia.

En junio pasado, la misma autoridad sanitaria exhortó a madres y padres a reducir el uso de sus propios teléfonos móviles durante el tiempo compartido con sus hijos, al considerar que la atención constante a los dispositivos puede afectar la convivencia y los vínculos familiares.

Las medidas también se reflejan en el ámbito educativo. En enero, el Gobierno sueco anunció la prohibición del uso de teléfonos inteligentes en escuelas para estudiantes de hasta 15 o 16 años, con el propósito de favorecer la concentración, el aprendizaje y la interacción social dentro de los planteles.

El debate sobre el uso de dispositivos electrónicos por menores ha cobrado fuerza en distintos países durante los últimos años, a medida que estudios científicos y organismos de salud advierten sobre posibles efectos relacionados con la salud mental, el sueño, la atención y el bienestar emocional de niñas, niños y adolescentes.

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