Más de siete décadas después de su ejecución, Ruth Ellis, la última mujer condenada a muerte y ahorcada en el Reino Unido, recibió un indulto póstumo condicional otorgado por el rey Carlos III, una decisión que reconoce que el abuso doméstico que sufrió debió haber sido considerado durante su proceso judicial, aunque no revoca su condena por asesinato.

El anuncio fue realizado en la Cámara de los Comunes por el viceprimer ministro David Lammy, quien explicó que el indulto no declara inocente a Ellis por el homicidio de David Blakely, ocurrido en 1955, sino que sustituye simbólicamente la pena capital por una condena de cadena perpetua para reconocer “una profunda injusticia” en un caso considerado excepcional.

Ruth Ellis tenía 28 años cuando disparó seis veces contra Blakely, su pareja sentimental, a las puertas de un pub de Londres durante la noche de Pascua de 1955. Arrestada de inmediato, confesó el crimen y fue juzgada apenas dos meses después. El jurado tardó solo 14 minutos en declararla culpable y, conforme a la legislación vigente, fue condenada a la horca. La ejecución se llevó a cabo el 13 de julio de ese mismo año en la prisión de Holloway.

Con el paso del tiempo, el caso se convirtió en uno de los más emblemáticos de la historia judicial británica. Miles de personas solicitaron clemencia antes de la ejecución y, posteriormente, su historia fue señalada como un factor que impulsó el creciente rechazo social a la pena de muerte, abolida en Reino Unido en 1965.

Las investigaciones y revisiones históricas posteriores revelaron que Ellis vivía una relación marcada por la violencia física, el control y la dependencia emocional. Durante el juicio relató agresiones constantes por parte de Blakely, incluyendo una golpiza que le provocó un aborto espontáneo pocos días antes del asesinato. Sin embargo, esos testimonios fueron considerados irrelevantes por la legislación de la época y no influyeron en el veredicto.

Especialistas y organizaciones que han estudiado el caso sostienen que el comportamiento sereno de Ellis durante el proceso fue interpretado como frialdad, cuando en realidad era una manifestación del trauma derivado de años de violencia. Bajo los estándares actuales, argumentan, el contexto de abuso doméstico y control coercitivo habría sido un elemento relevante para valorar su responsabilidad penal.

La familia de Ellis impulsó durante décadas una campaña para obtener el reconocimiento oficial de esa circunstancia. Laura Enston, nieta de la condenada, afirmó que la ejecución dejó profundas secuelas en sus descendientes y celebró el indulto como un acto de justicia simbólica para quienes cargaron con las consecuencias del caso durante generaciones.

La decisión también fue respaldada por la diputada Pam Cox y por los abogados que representaron a la familia, quienes señalaron que el reconocimiento oficial envía un mensaje sobre la necesidad de que los sistemas de justicia comprendan el impacto de la violencia doméstica en las víctimas.

Aunque el indulto no modifica la responsabilidad penal de Ruth Ellis por la muerte de David Blakely, sí representa un reconocimiento histórico de que el contexto de abuso que vivía no fue valorado adecuadamente por la justicia británica, convirtiendo su caso en un referente sobre la evolución del tratamiento legal de la violencia de género y los límites de la pena de muerte.

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