La creciente capacidad de la inteligencia artificial para generar rostros prácticamente indistinguibles de los reales ha encendido las alertas sobre el riesgo de fraudes, suplantación de identidad y desinformación. Sin embargo, una investigación internacional concluyó que las personas pueden aprender a identificar estas imágenes con un entrenamiento específico.
El estudio fue encabezado por la profesora Amy Dawel, directora del Laboratorio de Emociones y Rostros de la Universidad Nacional de Australia, en colaboración con la psicóloga Clare Sutherland, de la Universidad de Aberdeen, junto con investigadores de Canadá y Reino Unido.
A diferencia de los primeros modelos de IA, que podían delatarse por errores evidentes como dedos adicionales o rasgos deformes, las nuevas herramientas han perfeccionado notablemente sus resultados. Por ello, los investigadores desarrollaron una estrategia basada en la observación de patrones más sutiles.
Durante el entrenamiento, los participantes aprendieron a evaluar seis características de los rostros: simetría, proporcionalidad, atractivo, singularidad, expresividad y capacidad para ser recordados. Según los investigadores, las imágenes generadas por IA suelen presentar rostros excesivamente simétricos, atractivos y genéricos, además de mostrar menos expresividad emocional.
Tras aproximadamente una hora de práctica, la capacidad de los participantes para distinguir imágenes auténticas de las creadas por inteligencia artificial pasó de un promedio cercano al 40% de aciertos hasta alrededor del 80%, mientras que algunos lograron niveles de precisión cercanos al 100%.
Los especialistas también observaron que el entrenamiento incrementó la confianza de los participantes para identificar los llamados deepfakes, aunque recordaron que ningún indicio por sí solo permite confirmar si una imagen es falsa, sino que se requiere desarrollar una percepción basada en múltiples características.
Los investigadores advierten que fortalecer estas habilidades será cada vez más importante debido al crecimiento de los fraudes digitales. La consultora Deloitte estima que las pérdidas ocasionadas por estafas mediante deepfakes podrían alcanzar los 54 mil millones de dólares en Estados Unidos durante el próximo año.
Además del fraude económico, la tecnología también ha sido utilizada para operaciones de espionaje, campañas de desinformación y suplantación de identidad en redes sociales.
Pese a estos riesgos, los especialistas subrayan que la inteligencia artificial también ofrece aplicaciones positivas, como recrear el aspecto de personas desaparecidas con el paso del tiempo o facilitar procesos creativos, siempre que exista transparencia sobre el uso de estas herramientas.






