Los juegos y las actividades recreativas ocuparon un lugar importante en la vida cotidiana de la Nueva España, al grado de que algunos religiosos defendían su práctica como una forma de esparcimiento compatible con los principios cristianos.
Uno de ellos fue el fraile mercedario y dramaturgo fray Alonso Remón, quien en su obra Entretenimientos y juegos honestos, y recreaciones christianas, para que en todo género de estados se recreen los sentidos, sin que se estrague el alma, sostuvo que el ocio y la recreación guiada eran necesarios para el bienestar físico y mental de las personas.
En su texto, Remón argumentaba que el descanso y la diversión podían contribuir al equilibrio de la vida cotidiana, siempre que se desarrollaran dentro de los valores de la moral cristiana. Su postura reflejaba una visión poco común para la época, al reconocer que el entretenimiento no representaba necesariamente un riesgo para la vida espiritual.
Estas ideas muestran que, incluso durante el periodo virreinal, existían voces que promovían el valor del juego y la recreación como parte del desarrollo integral de la sociedad, siempre bajo criterios considerados adecuados por la Iglesia de aquel tiempo.






