El pontífice denunció la indiferencia ante la crisis humanitaria en el Mediterráneo y afirmó que miles de muertes son consecuencia de decisiones tomadas y también de omisiones.

El León XIV afirmó este sábado, durante una visita pastoral a la isla italiana de Lampedusa, que las miles de personas fallecidas en el mar Mediterráneo son víctimas tanto de decisiones adoptadas como de decisiones omitidas, al tiempo que hizo un llamado a combatir la indiferencia frente al fenómeno migratorio.

Durante la homilía de la misa celebrada en la isla, el pontífice comparó la actual crisis humanitaria con la parábola del buen samaritano y sostuvo que el sufrimiento de quienes intentan llegar a Europa se ve agravado por la falta de compromiso colectivo.

Señaló que factores como la corrupción en los países de origen, un sistema económico que genera pobreza y exclusión, el miedo que alimenta prejuicios y la ausencia de políticas eficaces contribuyen a que miles de migrantes continúen arriesgando la vida en el Mediterráneo.

El Papa también criticó a quienes obtienen beneficios económicos del tráfico de personas y lamentó que la respuesta internacional continúe centrándose en atender emergencias, en lugar de desarrollar estrategias de largo plazo.

Durante la celebración, León XIV agradeció a los habitantes de Lampedusa y de la vecina isla de Linosa por su labor de acogida hacia quienes llegan tras peligrosas travesías marítimas.

Recordó además que muchas personas nunca alcanzaron la costa porque perdieron la vida en el mar, aunque, dijo, su memoria sigue interpelando a la comunidad internacional.

El pontífice defendió que la pertenencia religiosa nunca debe ser motivo de discriminación y reiteró la necesidad de construir una sociedad basada en la solidaridad y la “civilización del amor”.

En su mensaje dirigido a Europa, sostuvo que el continente tiene una responsabilidad histórica e institucional para afrontar el fenómeno migratorio mediante políticas integrales que permitan acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes, al tiempo que impulsen el desarrollo en los países de origen para que nadie se vea obligado a emigrar.

Añadió que ese esfuerzo no corresponde únicamente a los gobiernos, sino también a la sociedad civil y a la Iglesia.

León XIV advirtió además sobre el riesgo de que la actividad turística haga invisible el drama migratorio y alertó sobre la creación de un “muro invisible” entre quienes disfrutan del mar como destino vacacional y quienes lo atraviesan poniendo en riesgo su vida.

Finalmente, reconoció el trabajo de las autoridades, cuerpos de seguridad y organizaciones humanitarias que brindan asistencia a los migrantes, así como la solidaridad mostrada por los propios desplazados durante sus trayectos.

La visita pastoral a Lampedusa concluyó con la celebración eucarística y el regreso del pontífice al Vaticano.

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