La industria del software atraviesa una etapa de fuerte incertidumbre ante el avance acelerado de la inteligencia artificial (IA), que ha pasado de ser vista como una herramienta de eficiencia a convertirse, para algunos analistas e inversores, en una amenaza existencial para el modelo tradicional de negocio del sector.
El nerviosismo se intensificó esta semana tras la publicación de un informe viral de Citrini Research que plantea un escenario extremo: un éxito tecnológico de la IA acompañado de un desastre macroeconómico. Según el documento, para junio de 2028 la economía estadounidense podría colapsar no por falta de productividad, sino porque la automatización habría abaratado drásticamente el trabajo intelectual, rompiendo el ciclo tradicional de consumo.
El autor del informe aclara que se trata de un “ejercicio de pensamiento”, aunque advierte que todavía hay margen para ajustar carteras de inversión y políticas públicas antes de que los efectos de retroalimentación se vuelvan irreversibles.
Recortes y reestructuraciones
La inquietud no se limita al plano teórico. El fundador de Block, Jack Dorsey, anunció el jueves el despido de más de 4.000 empleados —cerca del 40 % de su plantilla— como parte de una reestructuración destinada a integrar IA en sus operaciones.
“Los sistemas de IA han cambiado lo que significa construir y dirigir una empresa. Un equipo significativamente más pequeño usando estas herramientas puede hacer más y mejor”, afirmó el también cofundador de Twitter.
En la misma línea, el director ejecutivo de Salesforce, Marc Benioff, aseguró el verano pasado que entre el 30 % y el 50 % del trabajo en su compañía ya es realizado por sistemas de IA.
Desde el lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022, las empresas tecnológicas han comparado la IA con la llegada de la calculadora: una herramienta que transformó profesiones sin eliminarlas por completo. Sin embargo, el ritmo actual de automatización ha alimentado dudas más profundas.
Volatilidad en Wall Street
El impacto en los mercados fue inmediato. Tras la difusión del informe de Citrini, compañías de software como Datadog, CrowdStrike y Zscaler registraron caídas superiores al 9 % en una sola jornada.
Otras firmas mencionadas en el informe, como American Express, KKR y Blackstone, también sufrieron pérdidas.
Uno de los golpes más severos lo recibió IBM, cuyas acciones cayeron más del 13 % tras el anuncio de Anthropic de que su herramienta Claude Code podría modernizar sistemas heredados basados en COBOL, un negocio clave para IBM.
El lenguaje COBOL —Common Business-Oriented Language—, desarrollado en los años 50, sigue siendo fundamental en sectores como la banca y los seguros. Se estima que el 95 % de las transacciones en cajeros automáticos en Estados Unidos utilizan sistemas basados en este lenguaje.
No obstante, parte de las pérdidas bursátiles se recuperaron rápidamente, lo que llevó a algunos inversores a describir el mercado actual como “de gatillo fácil”.
Entre el miedo y la adaptación
No todos los líderes tecnológicos comparten las visiones más pesimistas. Aaron Levie, director ejecutivo de Box, recordó que en transiciones anteriores —como la expansión del móvil y la computación en la nube— el mercado terminó ampliándose para las empresas que supieron adaptarse.
Las compañías consolidadas argumentan que conservan una ventaja clave: el control del “sistema de registro” y el contexto operativo de las empresas, algo que los nuevos modelos de lenguaje no poseen por sí solos.
Por su parte, el director ejecutivo de ServiceNow, Bill McDermott, defendió en una reciente conferencia con analistas que la IA no eliminará a las empresas de software, sino que transformará sus procesos. Sus declaraciones se produjeron tras una caída de 100.000 millones de dólares en el valor de mercado de la compañía en el último año, y en medio de un descenso adicional superior al 20 % en el precio de sus acciones.
La rápida evolución de la IA ha abierto un debate profundo: si se trata de una herramienta que ampliará la productividad y el mercado, o si marcará el inicio de una disrupción que reconfigurará radicalmente el empleo y el modelo económico del sector tecnológico. Por ahora, la única certeza es la volatilidad.




