A 15 años del inicio de los estudios de conservación, los murales prehispánicos de la Zona Arqueológica de Cacaxtla, en Nativitas, Tlaxcala, no presentan cambios significativos en su coloración ni inestabilidad superficial, de acuerdo con los resultados del seguimiento realizado por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

La investigación, coordinada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del INAH y la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC), contempla los 16 murales ubicados en el Gran Basamento de Cacaxtla, entre ellos La Batalla, Guerreros ave y jaguar, Templo Rojo y Templo de Venus.

Estas obras, atribuidas a la cultura olmeca-xicalanca, corresponden al periodo Epiclásico mesoamericano, entre los años 650 y 900 d.C.

El monitoreo actual es encabezado por la restauradora-perito de la CNCPC, Mónica Vargas Ramos, junto con Jhoanna Rosas Magaña y Omar Valdés Hernández, quienes retomaron los registros obtenidos entre 2009 y 2011 por la restauradora Diana Medellín Martínez y su equipo.

Desde 2023, los especialistas realizan un seguimiento sistemático para establecer una metodología que permita evaluar el estado de conservación de las superficies pictóricas a mediano y largo plazo.

Para ello se utilizan estudios de colorimetría y microscopía óptica, con apoyo del Laboratorio de Investigación para la Conservación, Diagnóstico y Caracterización Espectroscópica de Materiales de la CNCPC.

Los nuevos registros son comparados con la información obtenida en 2009-2011, así como con evaluaciones realizadas en 2019 y 2023. El objetivo es identificar con mayor precisión posibles modificaciones en la tonalidad, saturación y estabilidad de las capas pictóricas.

De acuerdo con Mónica Vargas Ramos, hasta el momento no se han identificado variaciones significativas en el color ni problemas de inestabilidad superficial en los puntos analizados.

La especialista explicó que la metodología permite regresar a puntos específicos previamente registrados y comparar sus características físicas con las observaciones actuales, lo que facilita determinar si existen modificaciones en las pinturas a través del tiempo.

El proyecto también contempla extender esta metodología a otros sitios arqueológicos de Tlaxcala, particularmente al edificio de los altares policromados de Tizatlán y a la pintura mural de Ocotelulco. El trabajo ya comenzó en Tizatlán.

La intención es generar un registro general de la pintura mural prehispánica tlaxcalteca que permita conocer su gama cromática, técnicas de elaboración y condiciones de conservación, con evaluaciones que puedan mantenerse a corto, mediano y largo plazo.

El director del Centro INAH Tlaxcala, José Vicente de la Rosa Herrera, destacó la importancia de mantener este seguimiento científico y acercar al público los procesos técnicos que permiten conocer con precisión el estado de conservación del patrimonio.

Los avances de la investigación serán presentados durante las Mesas Redondas de Cacaxtla, programadas para septiembre próximo.

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