Un nuevo estudio pone en duda una de las principales teorías sobre el comportamiento del Homo floresiensis, los diminutos parientes prehistóricos del ser humano conocidos como “hobbits”. La investigación concluye que estos homínidos probablemente no cazaban grandes animales ni utilizaban el fuego para cocinar, sino que sobrevivían aprovechando los restos de presas abandonadas por otros depredadores.
El Homo floresiensis, descubierto en 2003 en la cueva de Liang Bua, en la isla indonesia de Flores, medía cerca de un metro de altura y poseía un cerebro apenas mayor que el de un chimpancé. Durante años, el hallazgo de herramientas de piedra junto a fósiles de Stegodon, un antiguo pariente de los elefantes, llevó a pensar que estos pequeños homínidos eran hábiles cazadores.
Sin embargo, una investigación publicada en la revista Science Advances presenta una interpretación distinta. El equipo, encabezado por la paleoantropóloga Elizabeth Grace Veatch, analizó las marcas presentes en los huesos de Stegodon para determinar cómo eran procesados.
Los científicos compararon esas huellas con marcas producidas por dragones de Komodo durante un experimento realizado en el zoológico de Atlanta. Los resultados mostraron que la mayoría de las lesiones en los huesos correspondían a mordidas de estos grandes reptiles, mientras que las marcas de herramientas de piedra aparecían únicamente en las zonas donde quedaban restos de carne.
Esto sugiere que los dragones de Komodo eran quienes abatían a los Stegodon y que posteriormente el Homo floresiensis aprovechaba los restos, actuando como carroñero.
La investigación también pone en duda que estos homínidos dominaran el fuego. Los especialistas examinaron más de 4 mil 500 huesos de pequeños roedores hallados en la cueva y no encontraron evidencia de exposición al calor. Tampoco detectaron señales de quemaduras en los huesos de Stegodon.
De acuerdo con los investigadores, los pocos restos carbonizados encontrados en niveles superiores del yacimiento corresponderían a la presencia posterior del Homo sapiens, miles de años después de la desaparición del Homo floresiensis.
Los autores consideran que estos hallazgos modifican la comprensión sobre la evolución de esta especie, al indicar que poseía un comportamiento mucho más simple que el de los neandertales, el Homo erectus o los humanos modernos.
La investigación también fortalece la hipótesis de que el Homo floresiensis no descendía del Homo erectus, sino de un linaje más antiguo, posiblemente emparentado con Homo habilis o incluso con los Australopithecus, especies que conservaban cerebros más pequeños y capacidades tecnológicas más limitadas.
Los científicos continuarán analizando los restos encontrados en la isla de Flores para reconstruir con mayor precisión la dieta y el papel ecológico que desempeñaron estos pequeños homínidos durante su existencia.





