El fósil permaneció almacenado durante más de dos décadas hasta que una revisión científica confirmó que pertenecía a una especie desconocida de un antiguo depredador del Mioceno.
El hallazgo de un cráneo fosilizado recuperado en la década de 1990 en el yacimiento de Els Casots, en Cataluña, permitió identificar una nueva especie de anficiónido, un grupo de carnívoros extintos conocidos popularmente como “perros oso”, que habitó la región hace aproximadamente 15.9 millones de años.
Durante años, los investigadores consideraron que el fósil pertenecía a un ejemplar ya conocido del género Paludocyon, por lo que fue almacenado sin ser objeto de nuevos estudios. Sin embargo, en 2014, durante la elaboración de una tesis doctoral, especialistas detectaron que sus características no coincidían con las de la especie previamente identificada.
Tras dos años de investigaciones, un equipo del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont confirmó que se trataba de una especie hasta ahora desconocida, la cual fue nombrada Paludocyon moyasolai en honor al paleontólogo Salvador Moyà-Solà.

Los estudios indican que este depredador tenía el tamaño de un perro grande y un peso estimado de entre 50 y 70 kilogramos, considerablemente menor que otras especies del mismo género, algunas de las cuales alcanzaban cerca de 200 kilogramos.
Los restos recuperados incluyen un cráneo prácticamente completo, gran parte de la dentición y un molar inferior aislado. El análisis reveló una dentadura con molares posteriores especialmente desarrollados, característica que sugiere una alimentación variada basada en pequeñas y medianas presas, como ciervos primitivos, bóvidos y cerdos ancestrales.
Hace casi 16 millones de años, el área donde hoy se ubica Els Casots era una laguna poco profunda rodeada de bosque tropical, habitada por cocodrilos, serpientes, peces y una gran diversidad de mamíferos. Los investigadores consideran que el ambiente pantanoso favoreció la excelente conservación de los fósiles, al quedar los cuerpos atrapados en el lodo tras su muerte.
El descubrimiento también fortalece el papel de Els Casots como uno de los yacimientos más importantes para el estudio del Mioceno europeo y convierte al sitio en la referencia mundial para esta nueva especie.
Además del Institut Català de Paleontologia, en la investigación participaron especialistas del Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC, la Universitat de València, la Universitat Autònoma de Barcelona, la Universidad Complutense de Madrid, el Instituto Nacional de Biodiversidad de Ecuador y el museo Iziko de Sudáfrica.
Los científicos señalaron que el hallazgo contribuye a comprender mejor la evolución de los grandes carnívoros del Mioceno y la forma en que estas especies se adaptaron a los cambios ambientales ocurridos durante ese periodo, antes de extinguirse por completo millones de años después.






