La policía de París se enfrentó este domingo a manifestantes y atendió nuevos saqueos, un día después de las protestas nacionales contra el aumento del costo de la vida que dejaron cerca de 2 mil detenidos y alrededor de 600 policías, gendarmes y bomberos heridos, según informó el ministro del Interior, Laurent Nuñez.
En la capital francesa, cientos de personas se concentraron sin autorización en la Plaza de la República, mientras los servicios municipales retiraban los restos de barricadas, vehículos incendiados y mobiliario urbano destruido durante los disturbios del sábado. Las fuerzas de seguridad utilizaron gases lacrimógenos y granadas aturdidoras para dispersar a los asistentes.
Las manifestaciones también provocaron saqueos y daños en comercios de ciudades como Marsella, Burdeos, Niza y Estrasburgo. La Federación de Comercio y Distribución reportó afectaciones en al menos mil 500 establecimientos en todo el país. En Limoges, un incendio destruyó el ayuntamiento del siglo XIX, en un hecho que las autoridades locales consideraron intencional.
La jornada de movilización reunió entre 550 mil y 800 mil personas, según las estimaciones de las autoridades y de la Confederación General del Trabajo (CGT), respectivamente. Aunque las protestas fueron convocadas para exigir respuestas ante la inflación y el encarecimiento de la vida, los enfrentamientos derivaron en daños materiales, detenciones y denuncias por el uso de la fuerza policial.
Entre las consecuencias más graves se reportaron lesiones de dos adolescentes de 17 años: uno perdió una mano en Saint-Étienne tras la explosión de una granada y otra perdió un ojo en Mulhouse.
La crisis aumentó la presión sobre el presidente Emmanuel Macron, quien convocó a una reunión con el primer ministro y otros integrantes de su gobierno antes de pronunciar un mensaje público. La presidenta de la Asamblea Nacional, Yaël Braun-Pivet, anunció que propondrá una comisión parlamentaria para investigar los disturbios, los saqueos y la actuación de las fuerzas de seguridad.
En el terreno político, el gobierno de Macron y la dirigente ultraderechista Marine Le Pen responsabilizaron a grupos de extrema izquierda por los actos violentos. Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, rechazó que quienes respaldan las movilizaciones estén vinculados con los saqueos y pidió atender las demandas sociales.
Por su parte, el presidente estadounidense Donald Trump relacionó los disturbios con la inmigración y pidió endurecer las políticas migratorias francesas, sin presentar en las declaraciones citadas pruebas que demostraran esa relación.
Las protestas se producen en un contexto de descontento por la pérdida de poder adquisitivo y de tensión política en Francia, a meses de las elecciones presidenciales previstas para 2027.





