La temporada de huracanes en el Atlántico ha registrado uno de sus comienzos más tranquilos en años, una situación que especialistas atribuyen, en gran medida, al fortalecimiento del fenómeno de El Niño, el cual incrementa la cizalladura del viento y dificulta la formación de ciclones tropicales.
El Niño, declarado oficialmente en junio, se caracteriza por el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial y por alterar los patrones atmosféricos a escala global. Los pronósticos indican que podría evolucionar hacia un “súper El Niño” durante los próximos meses.
Hasta ahora, la temporada únicamente ha producido un ciclón tropical de corta duración, lo que representa el inicio más tranquilo desde 2009.
Cizalladura del viento frena el desarrollo de tormentas
Los especialistas explican que la cizalladura del viento, es decir, los cambios en la velocidad y dirección del viento entre distintos niveles de la atmósfera, puede desorganizar o impedir la formación de sistemas tropicales.
Michael Lowry, especialista en huracanes con sede en Miami, señaló que este fenómeno es una de las principales características asociadas con El Niño. Datos analizados por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) muestran que el Caribe registró uno de los niveles de cizalladura más intensos para inicios de julio desde que comenzaron los registros satelitales en 1979.
Matthew Rosencrans, meteorólogo de la NOAA, indicó que el comportamiento observado coincide con lo esperado durante episodios de El Niño, aunque aclaró que los estudios para confirmar plenamente esta relación se realizarán una vez concluya la temporada de huracanes.
Menor actividad, pero no desaparecen los riesgos
La presencia de una cizalladura intensa durante julio suele estar relacionada con temporadas menos activas entre mediados de agosto y octubre, periodo en el que normalmente ocurre la mayor cantidad de ciclones tropicales.
Por ello, diversos centros de pronóstico, entre ellos la Universidad Estatal de Colorado, han reducido recientemente sus estimaciones sobre el número de tormentas y huracanes previstos para este año.
No obstante, los expertos advierten que una temporada menos activa no elimina el riesgo de impactos importantes. Las tormentas aún pueden desarrollarse en el Golfo de México o cerca de la costa sureste de Estados Unidos, donde las temperaturas del agua permanecen muy elevadas y podrían favorecer el fortalecimiento de algún sistema que logre superar la cizalladura.
Hasta el momento, la única tormenta con nombre de la temporada ha sido Arthur, que se formó frente a la costa de Texas en junio y, aunque fue de corta duración, provocó inundaciones en algunas zonas del Golfo.
Los modelos meteorológicos mantienen bajo vigilancia una zona de lluvias y tormentas en el este del Golfo de México, con posibilidad de desarrollo tropical durante los próximos días. Aun si no se forma un ciclón, se prevén lluvias intensas sobre la costa oeste de Florida.
Aunque el segundo ciclón con nombre suele aparecer, en promedio, alrededor del 17 de julio, los pronósticos continúan apuntando a que la actividad en el Atlántico permanecerá por debajo de lo habitual durante las próximas semanas.




