Durante décadas, el crecimiento acelerado de la población mundial fue motivo de preocupación para gobiernos, académicos y organismos internacionales. Sin embargo, en la actualidad el debate ha cambiado de rumbo y cada vez más países enfrentan inquietudes relacionadas con la disminución de la natalidad y el envejecimiento de la población.
Ante este escenario, la demógrafa Jennifer Sciubba plantea una visión diferente: más que preocuparse por si la población crece o disminuye, las sociedades deberían enfocarse en desarrollar la capacidad de adaptarse a esos cambios.
En una conversación con la periodista Katty Kay para el videopodcast “New Normal” de la BBC, Sciubba explicó que gran parte de los temores históricos sobre la sobrepoblación y, ahora, sobre la baja natalidad, surgen de interpretar los números sin comprender las tendencias de largo plazo.
La especialista recordó que durante las décadas de 1960 y 1970 existía una fuerte preocupación por el crecimiento demográfico global. Sin embargo, señaló que incluso entonces la tasa de crecimiento poblacional ya comenzaba a desacelerarse, aunque sus efectos tardaron años en hacerse visibles.
Actualmente, la situación es distinta. Según la experta, más de 40 países registran disminuciones en su población y numerosas comunidades comienzan a experimentar los efectos de estos cambios demográficos.
Sciubba considera que el verdadero desafío no es la reducción de habitantes, sino la capacidad de los gobiernos para reorganizar sus sistemas sociales y económicos ante una población cada vez más envejecida.
Entre las medidas que propone destacan una mayor preparación de especialistas en geriatría, el fortalecimiento de los sistemas de atención médica para adultos mayores y la creación de políticas públicas que atiendan las necesidades de quienes brindan cuidados familiares, una labor que en gran medida sigue recayendo sobre las mujeres.
La demógrafa también subraya la importancia de fomentar el aprendizaje continuo y la capacitación laboral durante toda la vida, considerando que las personas vivirán más años y probablemente permanecerán más tiempo en el mercado laboral.
Respecto a la relación entre población y calidad de vida, Sciubba sostiene que los países con menores tasas de fertilidad suelen registrar mayores niveles educativos, mejor esperanza de vida y mejores estándares de bienestar.
A su juicio, el reto para las próximas décadas será redefinir los conceptos de éxito económico y prosperidad en sociedades donde el crecimiento poblacional y económico ya no sea constante.
Finalmente, la especialista destacó que las comunidades locales fuertes serán fundamentales para enfrentar los desafíos demográficos del futuro. Considera que la resiliencia social dependerá en gran medida de la capacidad de los barrios y comunidades para generar redes de apoyo, independientemente de si la población aumenta o disminuye.
Para Sciubba, comprender las tendencias demográficas y prepararse para ellas resulta más importante que intentar revertirlas mediante políticas destinadas a influir en las decisiones reproductivas de las personas.






