La crisis que atraviesa Cuba se extiende más allá de los problemas de suministro eléctrico. En La Habana, habitantes enfrentan también dificultades para acceder a agua potable, alimentos, medicamentos, gas y transporte público, mientras los precios aumentan y los ingresos pierden poder adquisitivo.
En La Habana Vieja, Francisco López, jubilado de 80 años, aseguró que su pensión de 4 mil pesos cubanos, equivalente a unos 33 dólares al tipo de cambio oficial, pero alrededor de 6 dólares en el mercado informal, no alcanza para comprar una botella de aceite, cuyo precio puede llegar a 5 mil pesos en establecimientos privados.
López también señaló la escasez de medicamentos. Debido a sus problemas de presión arterial necesita Atenolol, pero aseguró que ya no lo encuentra en farmacias estatales y debe conseguirlo en el mercado informal.
El acceso al agua se ha convertido en otra de las principales dificultades. López, quien vive en el quinto piso de un edificio de La Habana Vieja, explicó que el suministro de agua y electricidad no siempre coinciden, lo que dificulta utilizar bombas para hacer llegar el líquido a los pisos superiores.
Elanis Castellano, de 53 años, relató que en su vivienda del barrio de San Nicolás, en Centro Habana, han pasado hasta tres semanas sin agua y ha tenido que pagar hasta mil pesos para que le lleven cubetas hasta su domicilio.
El presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, Antonio Rodríguez, reconoció que alrededor de 2.7 millones de cubanos enfrentan dificultades agravadas en el suministro de agua. Explicó que en algunas zonas el servicio depende de sistemas de rebombeo que requieren electricidad, por lo que los cortes de energía afectan directamente la distribución.
El presidente Miguel Díaz-Canel pidió esta semana acelerar las acciones para resolver el problema del abastecimiento de agua en La Habana y reconoció que las dificultades están relacionadas con la falta de electricidad.
Las autoridades cubanas han descrito la situación económica y social como “sumamente compleja” y de “sufrimiento”, aunque han rechazado que el país se encuentre al borde del colapso.
En las calles de La Habana, los habitantes consultados describen un escenario marcado por el cansancio, el estrés y la incertidumbre. Para algunos, la solución requiere cambios profundos en la conducción del país.
“El cambio tiene que ser absoluto. De arriba para abajo, no de abajo para arriba”, afirmó Rogelio Bonet, de 88 años.






