El gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, enfrenta cuestionamientos por declaraciones de altos funcionarios sobre la situación económica del país, consideradas por críticos y opositores como alejadas de la realidad que viven millones de estadounidenses.
Las críticas surgieron luego de que el asesor económico de la Casa Blanca, Kevin Hassett, afirmara que el gasto con tarjetas de crédito “está por las nubes”, al citar datos proporcionados por ejecutivos bancarios para sostener que el consumo sigue siendo fuerte.
Sin embargo, opositores interpretaron sus declaraciones como una señal del incremento en el endeudamiento y del impacto de la inflación sobre las familias.
El excongresista Justin Amash criticó los comentarios y afirmó que parecía que la administración “estuviera troleando” a la base política de Trump.
Desde California, la oficina del gobernador Gavin Newsom acusó al gobierno federal de presumir que la población está siendo presionada económicamente.
Trump también aseguró recientemente que la economía estadounidense “está en auge” y que la confianza del consumidor se encuentra “muy alta”, pese a que distintos indicadores muestran una desaceleración en la construcción industrial y niveles bajos de confianza económica.
Las críticas también alcanzaron al secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien declaró que los estadounidenses “en el fondo se sienten bien” respecto a la economía, aunque las encuestas reflejan percepciones negativas sobre inflación y costo de vida.
Bessent también fue cuestionado anteriormente por considerar “pequeños inversionistas” a personas con hasta doce viviendas destinadas a inversión.
Otros integrantes de la administración han protagonizado declaraciones polémicas en meses recientes, entre ellos la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, quien sugirió criar gallinas para ahorrar dinero, y el secretario de Comercio, Howard Lutnick, quien afirmó que su madre no se molestaría si dejara de recibir pagos del Seguro Social.
Las encuestas recientes muestran un deterioro en la percepción ciudadana sobre la economía estadounidense, particularmente en temas relacionados con inflación, precios y costo de vida, factores que se han convertido en uno de los principales desafíos políticos para Trump.






