A un año del fallecimiento del papa Francisco, su legado mantiene una presencia activa en los barrios populares de Argentina, donde comunidades y sacerdotes continúan promoviendo una Iglesia cercana a los sectores más vulnerables.
El impulso del entonces Jorge Mario Bergoglio fue clave para consolidar el movimiento de los llamados “curas villeros”, surgido a finales de la década de 1960, caracterizado por una labor pastoral basada en la cercanía, la vida comunitaria y el acompañamiento en contextos de precariedad.
Durante su etapa en Argentina, Bergoglio promovió una mayor presencia de la Iglesia en estos territorios, respaldando a los sacerdotes que trabajaban en ellos e impulsando la creación de parroquias y espacios pastorales en las zonas más necesitadas.
En barrios como la Villa 21-24, en Buenos Aires, referentes como el padre Lorenzo de Vedia destacan que la influencia de Francisco se refleja en acciones cotidianas y en una forma de ejercer el ministerio que privilegia la cercanía con la comunidad.
Por su parte, el sacerdote Ignacio Blanco subrayó que el pontífice contribuyó a transformar la relación de la Iglesia con los sectores excluidos, no solo a través de su discurso, sino también mediante gestos de austeridad y sencillez.
Tras su fallecimiento el 21 de abril de 2025, las comunidades lo despidieron con celebraciones religiosas, misas y expresiones colectivas en su memoria. Hoy, esas mismas expresiones continúan, reafirmando la vigencia de su mensaje centrado en la inclusión y el compromiso social.
Los sacerdotes consultados coinciden en que esta línea de trabajo tiene continuidad bajo el liderazgo del actual pontífice, León XIV, aunque con un estilo propio.






