El nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, rompió este viernes con el protocolo de su investidura al abandonar inesperadamente el escenario donde se desarrollaba la ceremonia presidencial en Cali para trasladarse a una guarnición militar, desde donde pronunciará su primer discurso como jefe de Estado.
El mandatario, abogado de 48 años y líder de la derecha radical colombiana, salió de la Arena USC de la Universidad Santiago de Cali mientras representantes de distintas religiones realizaban oraciones por el inicio de su gobierno y por el futuro del país.
Entre los asistentes se encontraban el rey Felipe VI de España y varios presidentes latinoamericanos.
La salida tomó por sorpresa a los invitados, ya que en ningún momento se informó públicamente que De la Espriella abandonaría la ceremonia para dirigirse al Cantón Militar Pichincha, también ubicado en Cali.
Un cambio de último momento
El nuevo presidente había planteado originalmente realizar su investidura en una guarnición militar de Popayán, capital del Cauca, una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado colombiano.
La intención era rendir homenaje a las Fuerzas Armadas, a las que De la Espriella ha definido como “los verdaderos héroes de la patria”.
Sin embargo, el plan fue descartado aproximadamente diez días antes de la ceremonia debido al riesgo asociado con una posible erupción del volcán Puracé, que permanece bajo alerta naranja.
El traslado de la ceremonia a una instalación militar también habría representado importantes dificultades de seguridad, logística y protocolo, además de un mensaje político particularmente delicado: la posibilidad de proyectar una imagen de subordinación del poder civil frente al militar.
Un gesto con fuerte carga política
A pesar de esos antecedentes, De la Espriella decidió mantener el componente militar en su primer día como presidente.
Después de recibir la banda presidencial y prestar juramento, abandonó el lugar de la investidura y se dirigió al Cantón Militar Pichincha, donde ofrecerá su primer mensaje al país.
La decisión refuerza una de las principales características que el nuevo mandatario ha proyectado desde su campaña: la intención de romper con las formas tradicionales de la política colombiana y colocar la seguridad y el papel de las Fuerzas Armadas en el centro de su gobierno.
El movimiento también adquiere especial relevancia por el contexto de violencia que enfrenta Colombia y por las promesas de De la Espriella de adoptar una posición de mayor firmeza frente a los grupos armados y las organizaciones criminales.
Con apenas unas horas en el cargo, el nuevo presidente ya modificó el protocolo de una ceremonia de Estado para trasladar su primer mensaje presidencial a un escenario militar, un gesto que anticipa el sello que busca imprimir a su administración.






