Keiko Fujimori asumirá la presidencia de Perú el 28 de julio, con lo que el fujimorismo regresa al Poder Ejecutivo después de 25 años. Su administración iniciará en un contexto de polarización política, desconfianza en las instituciones y desafíos en materia de seguridad, economía e infraestructura.

Entre sus principales compromisos de gobierno se encuentran el fortalecimiento de la seguridad pública mediante la ampliación de sistemas de videovigilancia, la creación de centros de comando y control, el aumento de la presencia policial, el combate al crimen organizado y la construcción de cuatro megaprisiones.

Su programa también contempla impulsar obras de infraestructura, atraer inversión privada, construir escuelas y hospitales y modernizar la administración pública mediante herramientas tecnológicas e inteligencia artificial.

Especialistas consideran que la viabilidad de estas propuestas dependerá de la capacidad financiera del Estado y de la atención a problemas estructurales como el déficit de infraestructura, la inseguridad y los riesgos asociados a un posible fenómeno de El Niño.

En política exterior, el nuevo gobierno enfrentará el reto de administrar la relación con Estados Unidos y China, principales socios estratégicos de Perú.

La inauguración del puerto de Chancay ha incrementado la relevancia geopolítica del país. El proyecto, desarrollado con una inversión estimada en 3 mil 500 millones de dólares, es operado en un 60 por ciento por la empresa estatal china Cosco Shipping Ports y en un 40 por ciento por la peruana Volcan Compañía Minera. La infraestructura reducirá significativamente los tiempos de transporte marítimo entre Perú y China y fortalecerá el comercio entre Sudamérica y Asia.

China es actualmente el principal socio comercial de Perú, con un intercambio superior a los 40 mil millones de dólares anuales, mientras que Estados Unidos ocupa el segundo lugar, con un comercio cercano a los 25 mil millones de dólares.

Analistas consideran que, aunque Fujimori ha manifestado su intención de estrechar la cooperación con Washington, especialmente en materia de seguridad y combate al crimen organizado, resulta poco probable que su gobierno modifique de forma sustancial la relación económica con Pekín debido a la importancia del mercado chino para las exportaciones peruanas.

También se prevé que Perú fortalezca su participación en iniciativas regionales de seguridad impulsadas por Estados Unidos, entre ellas el denominado Escudo de las Américas, orientado al combate del crimen organizado.

Especialistas coinciden en que uno de los principales desafíos del nuevo gobierno será mantener el equilibrio entre los vínculos políticos y de seguridad con Estados Unidos y la relación económica y comercial con China, en un escenario de creciente competencia entre ambas potencias en América Latina.

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