El químico suizo Albert Hofmann descubrió accidentalmente los efectos del LSD en 1943 mientras trabajaba en investigaciones farmacéuticas en Basilea, un hallazgo que terminaría influyendo en la psiquiatría, la contracultura y el debate internacional sobre drogas psicodélicas.

Hofmann trabajaba para la farmacéutica Sandoz estudiando derivados del cornezuelo del centeno, un hongo utilizado en investigaciones médicas relacionadas con hemorragias posparto.

El 16 de abril de 1943 sintetizó nuevamente la dietilamida del ácido lisérgico, conocida posteriormente como LSD, y experimentó sensaciones inusuales que describió años después como un estado onírico y de conexión con la naturaleza.

Tres días más tarde decidió probar deliberadamente una pequeña dosis del compuesto para confirmar sus efectos.

El experimento derivó en una intensa experiencia alucinógena mientras regresaba en bicicleta a su casa por las calles de Basilea, episodio que posteriormente se convirtió en un símbolo de la cultura psicodélica y que hoy es recordado como el “Día de la Bicicleta”.

Hofmann relató que durante el trayecto sufrió distorsiones visuales, alteraciones de la percepción y episodios de angustia extrema.

El químico explicó que objetos cotidianos parecían cobrar vida y que llegó a temer haber perdido la razón.

Pese a la experiencia, continuó investigando el compuesto y notificó a Sandoz sobre el potencial científico del LSD, particularmente para aplicaciones en psiquiatría e investigación sobre el subconsciente.

La farmacéutica comenzó a distribuir la sustancia bajo el nombre de Delysid a hospitales psiquiátricos para estudios clínicos controlados.

Décadas después, el LSD se convirtió en una de las sustancias más asociadas con la contracultura de los años sesenta.

El proyecto secreto MK-Ultra impulsado por la CIA estadounidense también experimentó con LSD, mientras figuras como Ken Kesey y Timothy Leary promovieron su uso fuera del ámbito médico.

El consumo recreativo masivo y los llamados “malos viajes”, caracterizados por crisis de pánico, paranoia y episodios psicóticos, provocaron creciente preocupación internacional.

En 1971, el LSD quedó sujeto a estrictos controles internacionales mediante la Convención sobre Sustancias Psicotrópicas de 1971 y fue prohibido en la mayoría de países.

Actualmente, la sustancia permanece clasificada como droga de alto potencial de abuso, aunque continúan investigaciones científicas limitadas sobre posibles usos terapéuticos en salud mental.

Hofmann, quien murió en 2008 a los 102 años, sostuvo hasta el final de su vida que el LSD poseía potencial médico si era utilizado bajo supervisión especializada y en contextos controlados.

En su autobiografía, titulada LSD: Mi hijo problemático, definió al compuesto como un descubrimiento ambivalente que podía resultar peligroso sin control, pero también útil en la comprensión de la mente humana.

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