El Monte Everest continúa siendo uno de los mayores desafíos para el ser humano, pero también uno de los entornos más letales del planeta. A más de 8 mil metros de altitud se encuentra la llamada “zona de la muerte”, una región donde la falta de oxígeno, las temperaturas extremas y el desgaste físico ponen a prueba los límites de la supervivencia.
La fotógrafa y montañista nepalí Purnima Shrestha vivió recientemente una experiencia que refleja los riesgos de alcanzar la cima del mundo. Tras completar una extenuante ascensión de 13 horas y llegar al punto más alto del Everest, descubrió que su última botella de oxígeno había fallado, dejándola expuesta a condiciones potencialmente mortales.
“En ese momento me di cuenta de que no era seguro permanecer allí ni un segundo más”, relató a la BBC.
Los especialistas explican que en la denominada zona de la muerte los escaladores apenas pueden respirar una tercera parte del oxígeno disponible al nivel del mar. Sin suministro suplementario, los síntomas graves del mal de altura pueden aparecer en menos de media hora y derivar en consecuencias fatales.
El doctor Nima Namgyal Sherpa, experto en medicina de montaña, señala que los riesgos incluyen edema cerebral de altura, que puede provocar confusión, pérdida de coordinación y alucinaciones, así como edema pulmonar, una acumulación de líquido en los pulmones que dificulta la respiración y puede causar la muerte.
A ello se suman temperaturas de hasta 40 grados bajo cero y fuertes vientos que favorecen la congelación de extremidades. En los casos más severos, las lesiones pueden requerir amputaciones.
La temporada de ascenso de este año registró cifras récord, con más de mil personas alcanzando la cima del Everest. Sin embargo, el aumento de visitantes ha reavivado el debate sobre la saturación de la montaña y los riesgos asociados a las largas filas de escaladores en puntos críticos como el Escalón Hillary, el último gran obstáculo antes de la cumbre.
Purnima logró sobrevivir gracias a la ayuda de un sherpa que compartió parte de su suministro de oxígeno durante el descenso. Pese al peligro, asegura que el Everest sigue ejerciendo una poderosa atracción sobre quienes buscan desafiar sus propios límites.
“No importa cuántas veces vaya allí; cuando estoy en la zona de la muerte siempre me pregunto por qué decidí volver”, confesó.






