Una vacuna personalizada basada en tecnología de ARN mensajero logró resultados positivos en un ensayo clínico avanzado contra el melanoma, un avance que podría impulsar el desarrollo de nuevos tratamientos contra distintos tipos de cáncer.

El 19 de agosto, Moderna y Merck informaron que su vacuna experimental, intismeran autogene, consiguió reducir la recurrencia del melanoma cuando se administró en combinación con el medicamento de inmunoterapia Keytruda.

El resultado representa un avance importante para las investigaciones que buscan utilizar vacunas de ARNm no solo para prevenir enfermedades infecciosas, sino también para ayudar al sistema inmunitario a identificar y atacar células cancerosas.

La tecnología funciona mediante instrucciones que permiten a las células producir proteínas específicas. En el caso de las vacunas contra el cáncer, estas instrucciones pueden diseñarse de manera personalizada para que el sistema inmunitario reconozca características particulares de un tumor y responda contra ellas.

Décadas de investigación

Aunque las vacunas de ARNm se hicieron ampliamente conocidas durante la pandemia de COVID-19, esta tecnología lleva décadas siendo estudiada. Desde principios de la década de 2000 se han realizado más de 120 ensayos clínicos relacionados con su aplicación en diferentes tipos de cáncer.

Las investigaciones abarcan enfermedades como melanoma, cáncer cerebral, de mama, pulmón y próstata.

Uno de los enfoques que más interés ha generado es el desarrollo de vacunas personalizadas, diseñadas a partir de las características específicas del tumor de cada paciente. Estudios iniciales también han mostrado resultados alentadores en cánceres agresivos como el glioblastoma.

Sin embargo, los especialistas señalan que estos avances todavía requieren investigación y seguimiento antes de que puedan convertirse en tratamientos disponibles de manera generalizada.

Desinformación genera preocupación

El avance de las vacunas de ARNm contra el cáncer ocurre en medio de la persistencia de información falsa sobre esta tecnología.

Una de las narrativas más difundidas es la denominada teoría del “cáncer turbo”, que sostiene, sin evidencia científica confiable, que las vacunas de ARNm contra COVID-19 provocan cánceres particularmente agresivos.

Diversos estudios no han encontrado evidencia que demuestre que las vacunas contra COVID-19 incrementen el riesgo de desarrollar cáncer. Expertos también han señalado que algunas publicaciones en redes sociales recurren a casos anecdóticos, interpretaciones incorrectas de investigaciones o conclusiones que no están respaldadas por estudios poblacionales.

La preocupación de los investigadores radica en que la repetición de estas afirmaciones puede afectar la confianza de los pacientes en futuras terapias basadas en ARNm.

El reto de informar sobre los nuevos tratamientos

La desinformación relacionada con el cáncer puede tener consecuencias en las decisiones de los pacientes, particularmente cuando promueve tratamientos no comprobados en lugar de terapias respaldadas por evidencia científica.

Por ello, especialistas consideran necesario que los avances en vacunas contra el cáncer estén acompañados de información clara sobre sus beneficios, limitaciones y posibles riesgos.

El resultado obtenido por Moderna y Merck abre una nueva etapa para las vacunas personalizadas contra el cáncer, pero no significa que exista una vacuna universal contra esta enfermedad. El desarrollo de estos tratamientos continúa y todavía será necesario evaluar su eficacia y seguridad antes de su utilización generalizada.

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