Un equipo científico sugiere que los bebés neandertales crecían mucho más rápido que los infantes de los humanos, una característica que probablemente desarrollaron para sobrevivir en entornos hostiles.

El hallazgo, publicado recientemente en la revista Current Biology, se basa en el análisis más exhaustivo realizado hasta ahora de un esqueleto infantil neandertal encontrado en una cueva al norte de Israel.
Un bebé de seis meses con el cuerpo de uno de 14

El protagonista es Amud 7, un bebé neandertal (Homo neanderthalensis) de apenas seis meses que vivió hace entre 51.000 y 56.000 años en la cueva de Amud, un lugar con vistas al mar de Galilea.

Sus restos —111 huesos, incluyendo dientes, fragmentos de cráneo, costillas, brazos y piernas— fueron hallados por los arqueólogos en 1960, pero solo ahora se realizó un análisis detallado para estimar su edad con precisión.

¿El resultado? Con una edad estimada de seis meses, Amud 7 tenía el tamaño corporal de un niño humano de entre 12 y 14 meses.
Un cambio en la “visión de la infancia neandertal”

Asimismo, la investigación revela que el volumen craneal era mayor al esperado para su edad, y sus extremidades superaban en tamaño las de cualquier infante de Homo sapiens equivalente.

“El hallazgo del esqueleto de Amud 7 cambia radicalmente nuestra visión de la infancia neandertal”, asegura la autora principal, Ella Been, profesora del Ono Academic College de Israel, en declaraciones recogidas por El País.

La clave para estimar su edad estuvo en los dientes. Los científicos analizaron las llamadas “marcas diarias” en el interior del esmalte dental en formación, líneas de crecimiento que perduran miles de años más que los tejidos blandos.

“Creo que la edad histológica de los dientes es más precisa que la edad calculada a partir del volumen de los huesos largos o de la cavidad endocraneal a la hora de estimar una edad tan temprana”, explica Been.
Un patrón que se repite en otros ejemplares

Investigaciones previas sobre otros tres bebés neandertales mostraron el mismo patrón de crecimiento acelerado, y evidenciaron que los alimentos sólidos se incorporaban a su dieta a los cinco o seis meses aproximadamente.

Para la autora, Amud 7 no es un caso aislado: “Comprender este patrón es fundamental para entender quiénes eran los neandertales y cómo se adaptaban a su entorno”, sostiene Been.

El hecho de observar características similares en tres bebés neandertales diferentes “demuestra que no se trata de una coincidencia”, añade la experta, citada por el medio especializado New Scientist.

Daniel García, antropólogo físico de la Universidad Complutense de Madrid que no participó en el estudio, plantea en el medio español que “no todo el mundo acepta que los neandertales nacieran con esas diferencias”.

Sin embargo, subraya, el caso de Amud 7 “podría ser exclusivo del Oriente Próximo, pero hay otros en Francia y Rusia, y todos muestran un desarrollo similar”, añade.
El frío como posible motor evolutivo

El contraste entre la edad real y el tamaño corporal de Amud 7 plantea la pregunta de por qué los bebés neandertales se desarrollaban inicialmente de forma tan distinta a la de los humanos modernos.

Una posible explicación apunta a la adaptabilidad al clima. Los neandertales vivían en Europa y Asia, soportando a menudo largos periodos de frío intenso. Los cuerpos más grandes retienen el calor con mayor eficacia, lo que habría dado una ventaja de supervivencia a los bebés que crecían más rápido.

El Homo sapiens, en cambio, evolucionó en los climas comparativamente más cálidos de África, donde ese desarrollo acelerado no era necesario. Si bien el humano moderno y el neandertal se cruzaron posteriormente en Eurasia –e incluso tuvieron sexo y descendencia–, esta diferencia climática podría explicar por qué ambas especies adoptaron ritmos de crecimiento tan distintos.
Posible convergencia de desarrollo a los siete años

El mayor tamaño corporal de los bebés neandertales no permite concluir que estos caminaran, hablaran o fueran independientes antes que los bebés modernos, ya que los huesos no registran directamente esos comportamientos.

No obstante lo descubierto, los investigadores sugieren que es probable que ese ritmo diferencial de crecimiento se fuera igualando con el tiempo y que el desarrollo de dientes y cuerpos entre neandertales y Homo sapiens habría convergido a los siete años.

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