Durante los siglos XVIII y XIX, la tuberculosis fue conocida como consunción, tisis o “peste blanca” y cobró la vida de figuras como Madame de Pompadour, Simón Bolívar, Emily y Anne Brontë, Frédéric Chopin y Antón Chéjov.
La enfermedad también quedó reflejada en la literatura. La muerte por tuberculosis de la cortesana Marie Duplessis, amante de Alexandre Dumas hijo, inspiró al personaje de Marguerite Gautier, protagonista de La dama de las camelias.
El padecimiento llegó a ser asociado con una imagen romántica de la muerte. La palidez, la delgadez y el brillo de los ojos eran relacionados con la sensibilidad artística y la belleza trágica. Sin embargo, esta percepción cambió en 1882, cuando el médico alemán Robert Koch demostró que la tuberculosis era causada por una bacteria, posteriormente identificada como Mycobacterium tuberculosis.
El descubrimiento transformó también las medidas sanitarias. A finales del siglo XIX se extendieron los sanatorios donde se recomendaban reposo, aire fresco y exposición al sol. La preocupación por la higiene y la ventilación incluso influyó en la arquitectura, con grandes ventanas, terrazas y espacios diseñados para reducir la acumulación de polvo.
El siguiente gran avance llegó en 1921, cuando se administró por primera vez a un bebé la vacuna contra la tuberculosis desarrollada por los científicos franceses Albert Calmette y Camille Guérin. La vacuna, conocida como BCG, utilizaba una cepa debilitada de la bacteria para estimular la respuesta inmunitaria.
La BCG fue concebida principalmente para proteger a los recién nacidos, quienes tienen un riesgo elevado de desarrollar formas graves de tuberculosis, como la meningitis tuberculosa y la tuberculosis miliar.
Sin embargo, su historia tuvo un episodio trágico. Entre 1929 y 1930, 251 bebés fueron vacunados en la ciudad alemana de Lübeck con dosis contaminadas accidentalmente con una cepa virulenta de tuberculosis. El episodio provocó 72 muertes y enfermedades graves en otros 173 niños, lo que afectó durante años la confianza en la vacuna.
Después de la Segunda Guerra Mundial, el deterioro de las condiciones sanitarias y el incremento de los casos en Europa impulsaron campañas de vacunación masiva. La BCG se convirtió en una herramienta importante para reducir las formas graves de tuberculosis infantil, aunque su capacidad para prevenir la enfermedad pulmonar en adultos es limitada y la protección disminuye con el tiempo.
Una bacteria difícil de combatir
La tuberculosis comienza cuando Mycobacterium tuberculosis ingresa al organismo por las vías respiratorias y llega a los pulmones. Allí interactúa con las células del sistema inmunitario y puede ser contenida o reproducirse hasta provocar una infección activa.
Una de las características que complican su tratamiento es la capacidad de la bacteria para sobrevivir dentro de los macrófagos, células encargadas de identificar y destruir microorganismos invasores.
Además, la bacteria puede permanecer en el organismo durante años sin provocar síntomas. Se estima que aproximadamente una cuarta parte de la población mundial tiene una infección tuberculosa latente y que solo una parte desarrolla posteriormente la enfermedad activa.
El tratamiento actual requiere varios antibióticos y suele prolongarse durante unos seis meses. La aparición de cepas resistentes ha obligado a utilizar combinaciones de medicamentos y mantiene el desarrollo de nuevos tratamientos como una prioridad para la investigación científica.
Una enfermedad que aún causa millones de casos
Pese a los avances médicos, la tuberculosis continúa siendo una de las principales causas de muerte provocadas por un agente infeccioso en el mundo y está presente en todos los países y grupos de edad.
En América Latina, la evolución de la enfermedad contrasta con la tendencia mundial. De acuerdo con los datos más recientes citados de la Organización Mundial de la Salud, entre 2015 y 2024 la incidencia estimada de tuberculosis aumentó 13% en la Región de las Américas, mientras que a nivel mundial disminuyó 12.3%.
La propagación de la enfermedad está relacionada no solo con factores médicos, sino también con condiciones sociales como la pobreza, el hacinamiento, las condiciones de vivienda, la nutrición deficiente y las dificultades para acceder a servicios de salud.
Especialistas señalan que desarrollar vacunas más eficaces y tratamientos más cortos es fundamental, pero advierten que combatir la tuberculosis también requiere mejorar las condiciones de vida y garantizar el acceso oportuno a diagnóstico, medicamentos y atención sanitaria.






