El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha convertido las acusaciones de “comunismo” contra sus adversarios políticos en uno de los principales ejes de su discurso de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato de 2026, retomando una estrategia retórica con profundas raíces en la historia política estadounidense.

Durante los actos por el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, celebrados el 3 y 4 de julio, Trump utilizó el término “comunismo” o “comunistas” en repetidas ocasiones para referirse a sus opositores, asegurando que esa ideología representa la mayor amenaza para el país y prometiendo que Estados Unidos “nunca será un país comunista”.

El endurecimiento del discurso coincide con el ascenso de candidatos identificados como socialistas democráticos dentro del Partido Demócrata, situación que ha generado tanto entusiasmo entre los sectores más progresistas como preocupación entre las corrientes moderadas de esa fuerza política.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, respaldó esa narrativa al afirmar que el actual Partido Demócrata está integrado por “comunistas”, mientras que el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, sostuvo que el comunismo ha sido responsable de millones de muertes durante el siglo XX.

Especialistas consideran que el uso del término responde más a una estrategia política que a una descripción ideológica. El profesor de ciencias políticas del Amherst College, Austin Sarat, sostiene que Trump emplea la palabra “comunista” como sinónimo de “antiamericano”, buscando transmitir la idea de que sus adversarios representan una amenaza para el estilo de vida de los estadounidenses.

La estrategia recuerda al clima político de las décadas de 1940 y 1950, cuando el senador Joseph McCarthy encabezó una campaña para denunciar supuestas infiltraciones comunistas en el gobierno federal, episodio conocido como el macartismo. Durante ese periodo, McCarthy contó entre sus principales colaboradores con el abogado Roy Cohn, quien años más tarde se convertiría en mentor legal de Donald Trump.

Históricamente, las acusaciones de comunismo también fueron utilizadas contra figuras como Martin Luther King Jr. y formaron parte de diversas campañas electorales estadounidenses durante la Guerra Fría.

No obstante, el contexto político actual es diferente. Diversas encuestas muestran un cambio generacional en la percepción del socialismo. Un sondeo de Fox News reveló que 38% de los estadounidenses considera positivo que el país se aleje parcialmente del capitalismo, mientras que una encuesta de Gallup encontró que 66% de los votantes demócratas tiene una opinión más favorable del socialismo que del capitalismo.

Entre los menores de 30 años, una encuesta del Instituto Cato mostró que 38% mantiene una opinión favorable del comunismo, 45% del capitalismo y 53% del socialismo, reflejando una menor carga negativa de estos conceptos entre las generaciones más jóvenes.

Investigadores advierten que el impacto electoral de esta retórica es incierto. Dalton Bouzek, profesor de la Universidad Estatal de Nueva York en Brockport, señala que el uso de términos como “comunismo” puede incrementar la atención y la participación en redes sociales, aunque no existe evidencia de que se traduzca directamente en mayores victorias electorales.

Analistas republicanos consideran, sin embargo, que la estrategia de Trump busca movilizar principalmente a los votantes de mayor edad, quienes conservan una percepción más negativa del comunismo debido al contexto de la Guerra Fría y registran mayores niveles de participación electoral que los electores jóvenes.

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