A 30 días del inicio de la guerra entre Estados Unidos e Irán 2026, crecen las tensiones ante la posibilidad de una ofensiva terrestre por parte de Washington, en medio de advertencias directas desde Teherán y un escenario regional cada vez más inestable.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, acusó a Estados Unidos de simular apertura al diálogo mientras prepara acciones militares. Según su declaración, las fuerzas iraníes ya estarían listas para responder ante cualquier intento de desembarco.
Objetivos estratégicos en la mira
Entre las posibles operaciones se menciona la toma de la isla de Jarg, principal terminal petrolera iraní en el golfo Pérsico. De concretarse, esto afectaría de manera directa los ingresos del país, debilitando el financiamiento de sus estructuras militares.
Otro punto clave es el estrecho de Ormuz, una vía fundamental para el comercio energético mundial. Su bloqueo, derivado del conflicto, ya ha generado una crisis en el suministro de petróleo y gas, impactando los mercados internacionales.
Además, se contempla la posibilidad de incursiones en instalaciones nucleares iraníes, lo que incrementa el riesgo de una escalada mayor en un contexto ya altamente volátil.
Riesgos de una intervención terrestre
El despliegue de tropas estadounidenses —incluyendo miles de soldados recientemente movilizados— representa un escenario de alto riesgo. Sin el factor sorpresa, expertos advierten que una operación terrestre podría derivar en fuertes bajas, dada la preparación de las fuerzas iraníes.
Ghalibaf advirtió que cualquier incursión será respondida con ataques directos, lo que podría convertir el conflicto en una confrontación aún más sangrienta.
Impacto regional y económico
La preocupación se extiende a los países del golfo Pérsico, que ya enfrentan pérdidas millonarias y afectaciones económicas. Irán ha lanzado ataques con misiles y drones contra objetivos en la región y ha amenazado con intensificarlos.
Un ejemplo reciente fue el impacto de misiles en la planta de gas de Ras Laffan, en Qatar, uno de los complejos energéticos más importantes del mundo. Aunque los daños fueron limitados, el hecho sacudió los mercados globales.
También existe preocupación por posibles ataques a infraestructuras críticas como plantas desalinizadoras, esenciales para el suministro de agua en los países árabes del Golfo.
Negociaciones estancadas
Pese a los discursos sobre diálogo, las posturas entre Estados Unidos e Irán parecen irreconciliables.
Mientras Washington impulsa un plan con exigencias como el fin del programa nuclear iraní y restricciones a su capacidad militar, Teherán plantea condiciones como reparaciones de guerra y control del estrecho de Ormuz.
Ambas propuestas están lejos de coincidir, lo que reduce las posibilidades de un acuerdo en el corto plazo.
Un conflicto que se prolonga
A pesar de los daños sufridos por Irán —incluyendo pérdidas en su liderazgo y capacidad militar—, el país ha demostrado resiliencia y capacidad de respuesta, complicando los objetivos iniciales de Washington.
La participación de aliados regionales, como los rebeldes hutíes en Yemen, añade nuevas dimensiones al conflicto, ampliando el riesgo de una guerra regional de mayores proporciones.
Por ahora, el escenario apunta a una escalada sostenida, donde la vía diplomática sigue distante y las consecuencias globales continúan creciendo.
La de Hoy Querétaro






