La celebración de la Cuaresma y la Semana Santa adquiere un significado único entre los pueblos yoémem (yaquis) y yoremem (mayos), donde la figura de Jesucristo se interpreta no como el crucificado del Gólgota, sino como un curandero que hacía el bien en su comunidad, cuya persecución y muerte dan origen a uno de los rituales más profundos del noroeste de México.

Durante la conferencia “La Semana Santa yaqui”, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y de la Secretaría de Cultura federal destacaron la relevancia de esta tradición, que combina elementos indígenas y evangelizadores heredados desde la época virreinal.

De acuerdo con el investigador José Luis Moctezuma Zamarrón, esta celebración se mantiene vigente desde hace más de cuatro siglos en los ocho pueblos tradicionales yaquis: Vícam, Pótam, Tórim, Bácum, Loma de Guamúchil, Ráhum, Huírivis y Belem, e incluso se ha extendido a comunidades en Baja California, Baja California Sur y Arizona.

Uno de los personajes centrales de esta representación son los fariseos o chapayekas, cuyo nombre en lengua jiak noki significa “nariz larga”. Estas figuras, introducidas por misioneros jesuitas, simbolizan al ejército romano que persigue a Jesucristo dentro de la teatralización de la pasión.

Ataviados con máscaras que van desde las tradicionales —como la de Seewa, adornada con flores— hasta otras contemporáneas que representan payasos o incluso políticos, los chapayekas marchan en filas, mantienen el silencio absoluto y se comunican mediante gestos o el uso de objetos como lanzas y espadas de madera.

“Dejan de ser personas para convertirse en personajes animalescos que hacen maldades, pero siempre bajo vigilancia”, explicó Moctezuma, al detallar que estos son acompañados por cabos, generalmente jóvenes y niños encargados de mantener el orden.

Por su parte, el promotor cultural José Luis Medina señaló que, para los yaquis, la Cuaresma inicia desde el 24 de diciembre, con la danza de los Pastores, donde ya aparece una figura asociada al fariseo, anticipando el ciclo ritual.

La preparación para participar en estos rituales implica disciplina, consejos de los mayores y coordinación con danzantes tradicionales como los pascolas y del venado, así como con quienes desempeñan funciones litúrgicas.

Durante los 40 días que dura este periodo, la vida cotidiana de las comunidades se transforma por completo. Niños, jóvenes y adultos participan activamente, ya sea en cargos específicos o acompañando las procesiones conocidas como kontis.

Finalmente, los especialistas subrayan que, aunque estas celebraciones están abiertas al público, es fundamental respetar sus normas: no tomar fotografías ni grabar videos, y mantener el orden, ya que se trata de un tiempo profundamente espiritual, de reflexión y renovación para el pueblo yaqui.

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