Las reservas de misiles estratégicos de Estados Unidos permanecen considerablemente reducidas tras los recientes enfrentamientos con Irán, una situación que podría afectar la capacidad militar del país para responder a un eventual conflicto con potencias como China o Corea del Norte, advirtieron especialistas en defensa.

La preocupación resurgió luego de que el presidente Donald Trump reiterara que el alto al fuego con Irán “ha terminado”, lo que abre la posibilidad de una prolongación de las operaciones militares y de un mayor consumo de armamento de precisión.

Mark Cancian, coronel retirado del Cuerpo de Marines y analista del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), señaló que si el conflicto mantiene el ritmo de los últimos días, las existencias de misiles podrían disminuir hasta representar un riesgo para la estrategia estadounidense en el Indo-Pacífico.

Misiles de alta demanda

Durante la fase inicial de la campaña militar contra Irán, denominada Operación Epic Fury, Estados Unidos empleó miles de misiles de largo alcance y sistemas de defensa antimisiles para atacar objetivos estratégicos y proteger a sus fuerzas.

De acuerdo con un análisis del CSIS, al finalizar la etapa más intensa de los combates el Pentágono había consumido aproximadamente la mitad de sus interceptores THAAD, cerca del 50% de sus misiles Patriot y alrededor del 30% de los misiles de crucero Tomahawk.

Especialistas consultados consideran que el periodo de relativa calma registrado desde abril permitió reducir el ritmo de consumo, aunque las reservas continúan por debajo de los niveles considerados óptimos.

Reposición tardará varios años

Los expertos advierten que la capacidad de la industria estadounidense para reponer estos arsenales es limitada.

Según las previsiones del actual año fiscal, el Departamento de Defensa recibe alrededor de 15 misiles Tomahawk y 20 interceptores Patriot cada mes, mientras que no existen entregas programadas de misiles THAAD durante 2026.

El CSIS estima que recuperar los niveles previos al conflicto podría tomar al menos tres años.

Elaine McCusker, exfuncionaria del Pentágono e investigadora del American Enterprise Institute, afirmó que la mayoría de las municiones estratégicas tardará entre dos y cinco años en ser reemplazada.

A ello se suma que, hasta el momento, el Congreso estadounidense no ha aprobado recursos extraordinarios para reponer el armamento utilizado durante la guerra, por lo que el proceso continúa dependiendo del presupuesto ordinario del Departamento de Defensa.

Pentágono busca acelerar la producción

Ante este escenario, la administración de Donald Trump activó en junio la Ley de Producción para la Defensa con el objetivo de agilizar la fabricación de misiles y fortalecer la base industrial del sector militar.

Además, el Pentágono ha firmado acuerdos con empresas del sector para ampliar las líneas de producción y explora convenios con países aliados, como Alemania y Ucrania, para fabricar localmente misiles interceptores Patriot.

No obstante, especialistas advierten que estos proyectos requieren varios años para consolidarse, por lo que su impacto inmediato será limitado.

Riesgo para otros escenarios

Analistas consideran que una disminución prolongada de las reservas podría complicar la capacidad de Estados Unidos para responder simultáneamente a otras crisis internacionales.

Además de un posible conflicto con China, los expertos señalan que los planes militares frente a Corea del Norte dependen en gran medida del uso intensivo de misiles de precisión para proteger a las fuerzas estadounidenses y a sus aliados en la península coreana.

Pese a estas advertencias, el Pentágono sostiene que las Fuerzas Armadas mantienen suficientes capacidades para responder a cualquier escenario y aseguró que continúa fortaleciendo su producción y sus cadenas de suministro para garantizar la disponibilidad de armamento estratégico.

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