Antes del estallido de la violencia sectaria en el sur de Siria, Saber Abou Ras enseñaba ciencias médicas en una universidad de la ciudad de Sweida y albergaba cierta esperanza de un futuro mejor para su país luego que emergió de casi 14 años de guerra civil.
Ahora, como muchos otros en esta ciudad de mayoría drusa del sur de Siria, porta armas y se niega a entregarlas al gobierno. Ve pocas esperanzas para la Siria unida que recientemente creía que podía alcanzarse.
“Estamos a favor de la unidad nacional, pero no de la unidad de las bandas terroristas”, dijo Abou Ras, quien es druso, a The Associated Press en una llamada telefónica desde la devastada ciudad.
La semana pasada estallaron enfrentamientos provocados por secuestros entre clanes beduinos armados y combatientes de la minoría religiosa drusa. La violencia causó la muerte de cientos de personas y amenazó con derribar la frágil transición de posguerra de Siria. Las fuerzas del gobierno sirio intervinieron para poner fin a los combates, pero en realidad se aliaron con los clanes.
Pronto surgieron videos e informes inquietantes de civiles drusos humillados y ejecutados, a veces acompañados de insultos sectarios. Uno mostró a hombres armados y vestidos con uniforme militar preguntar a un hombre desarmado sobre su identidad. Cuando responde que es sirio, los hombres armados preguntan: “¿A qué te refieres con ‘sirio’? ¿Eres suní o druso?”. Cuando el hombre responde que es druso, los hombres abren fuego y lo matan.
Hossam Saraya, un sirio-estadounidense druso de Oklahoma, aparece en otro video arrodillado junto a su hermano, su padre y al menos otros tres familiares, antes que un grupo de hombres con uniforme militar los acribillen con armas automáticas y después celebren.