El 12 de abril de 1955, el médico e investigador Jonas Salk anunció que había desarrollado una vacuna segura y eficaz contra la poliomielitis, un avance considerado uno de los mayores logros médicos del siglo XX y que permitió salvar millones de vidas en todo el mundo.
Durante una entrevista televisiva realizada tras el anuncio, a Salk se le preguntó quién poseía la patente de la vacuna. Su respuesta se convirtió en una de las frases más recordadas de la historia de la medicina: “La gente, diría yo. No existe tal patente. ¿Acaso se puede patentar el sol?”.
La poliomielitis, conocida comúnmente como polio, era una enfermedad altamente temida en la primera mitad del siglo XX. En 1952, Estados Unidos registró más de 57 mil casos, cifra récord para una enfermedad que podía provocar parálisis e insuficiencia respiratoria.
Miles de niños afectados quedaban confinados a los llamados “pulmones de acero”, enormes respiradores metálicos que se convirtieron en uno de los símbolos más recordados de la enfermedad.
La enfermera Jody Zogran, quien trabajó en el hospital de Pittsburgh donde Salk desarrolló la vacuna, recordó para la BBC escenas de menores que un día jugaban futbol y al siguiente necesitaban asistencia mecánica para respirar.
Aunque menos del uno por ciento de las infecciones derivaban en parálisis, la magnitud de los brotes hacía que miles de niños terminaran afectados.
Entre las víctimas más conocidas de la polio estuvo Franklin D. Roosevelt, quien contrajo la enfermedad en 1921 y quedó paralizado de la cintura hacia abajo. Posteriormente, impulsó la creación de la organización March of Dimes, dedicada a recaudar fondos para combatir la enfermedad.
A finales de la década de 1940, científicos comenzaron a avanzar en el estudio del virus y surgió una competencia científica entre Salk y Albert Sabin para desarrollar una vacuna efectiva.
Mientras Sabin apostaba por una vacuna elaborada con un virus atenuado, Salk defendía el uso de un virus completamente inactivado.
El respaldo financiero de March of Dimes permitió a Salk instalar su laboratorio en Pittsburgh y acelerar sus investigaciones. En 1952, convencido de la seguridad del proyecto, decidió probar la vacuna primero en él mismo, en su esposa, en sus hijos y en su equipo de trabajo.
Su hijo Peter Salk recordó años después que el científico esterilizaba las jeringas en la cocina familiar antes de aplicar las primeras dosis experimentales.
El ensayo masivo definitivo comenzó en 1954 y fue considerado el mayor experimento médico realizado hasta entonces. Más de 50 mil maestros colaboraron en la inmunización de casi dos millones de niños en Estados Unidos.
Un año después, el 12 de abril de 1955, se confirmó oficialmente que la vacuna funcionaba.
La noticia provocó celebraciones en todo el país: las campanas de las iglesias sonaron, las fábricas activaron sus sirenas y miles de personas lloraron de alivio en las calles.
Tras la introducción de la vacuna de Salk, los casos de polio en Estados Unidos descendieron de aproximadamente 60 mil a apenas 2 mil en un año. En menos de una década, la enfermedad quedó prácticamente erradicada en el país.
Posteriormente, Albert Sabin desarrolló una vacuna oral que facilitó las campañas masivas de inmunización alrededor del mundo gracias a su sencilla administración.
Esa vacuna incluso inspiró la famosa canción “A Spoonful of Sugar”, incluida en la película Mary Poppins, luego de que uno de los hijos de los compositores relatara que la vacuna oral se administraba sobre un terrón de azúcar.
Ni Salk ni Sabin buscaron enriquecerse con sus descubrimientos. Ambos rechazaron patentar sus vacunas con fines lucrativos, priorizando el acceso global a la inmunización.
“Es mi regalo para todos los niños del mundo”, afirmó Sabin sobre su vacuna.






