Un 16 de abril de 1999, Andrés Calamaro publicó Honestidad Brutal, un ambicioso disco doble de 37 canciones que, a 27 años de su lanzamiento, permanece como una de las obras más extensas, crudas y representativas del rock en español.
El propio músico ha descrito con el paso del tiempo la intensidad de aquel proceso creativo, marcado por la improvisación, el exceso y una dinámica de grabación sin límites. La producción se desarrolló en 15 estudios distintos y en varios países, con una lógica abierta que incluso contemplaba la posibilidad de no concluir el proyecto.

Calamaro ha reconocido que el álbum capturó una etapa de alta carga emocional y artística, donde convivieron espontaneidad y riesgo. También ha señalado que detrás de esa aparente desmesura existió un trabajo minucioso, en el que decidió no acreditarse en múltiples instrumentos para mantener el enfoque colectivo.
La banda que acompañó la grabación incluyó a Augusto “Gringui” Herrera y Guillermo Martín en guitarras; Candy Caramelo en bajo; José “El Niño” Bruno en batería; Ciro Fogliatta en teclados, además de la colaboración clave de Marcelo “Cuino” Scornik en la composición.
El repertorio, firmado casi en su totalidad por Calamaro —con excepción del tango “Naranjo en flor” de Virgilio y Homero Expósito—, dejó piezas que con el tiempo se consolidaron como referentes de su carrera: “Te quiero igual”, “La parte de adelante”, “Clonazepán y circo”, “Paloma”, “Victoria y Soledad” y “Maradona”.
A casi tres décadas de su publicación, Honestidad Brutal se sostiene como un documento artístico de una época y como un ejercicio radical de libertad creativa dentro del rock latinoamericano.






