En una ceremonia solemne realizada en el Museo Nacional de Antropología, el historiador Sergio Hernández Galindo fue condecorado con la Orden del Sol Naciente, Rayos de Oro con Collar de Listón, una de las más altas distinciones que otorga el Japón, en reconocimiento a más de 25 años de investigación sobre la migración nipona en México.

Durante el acto, el embajador japonés Honsei Kozo destacó la trayectoria del investigador y extendió el reconocimiento al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), por su respaldo constante a los estudios históricos y culturales que han contribuido a visibilizar a la comunidad nikkei.

El diplomático subrayó la importancia de fortalecer la colaboración con el instituto, no solo en el ámbito académico, sino también en la difusión de la cultura japonesa y el entendimiento de la comunidad nikkei, término que engloba a los migrantes japoneses y sus descendientes.

La distinción fue conferida por el emperador Naruhito y firmada por la primera ministra Sanae Takaichi. En la ceremonia, Hernández Galindo recibió el diploma oficial y fue investido con la insignia, considerada una de las más antiguas del país asiático.

Desde 1999, el historiador ha documentado episodios poco conocidos, como la persecución y concentración de inmigrantes japoneses en ciudades como Guadalajara y la entonces Ciudad de México durante la Segunda Guerra Mundial, aportando una mirada crítica a la historia nacional.

Autor de obras como La guerra contra los japoneses en México (2011) y Hibakusha. Testimonio de Yasuaki Yamashita (2021), el investigador también ha colaborado con el Museo Nacional Japonés Americano en Los Ángeles, fortaleciendo el diálogo histórico entre México y Estados Unidos.

En su intervención, Hernández Galindo destacó que la historia de la migración japonesa es parte esencial del México profundo, retomando el concepto del antropólogo Guillermo Bonfil Batalla. Señaló que ignorar estas raíces implicaría construir una visión incompleta del país.

Recordó que el primer grupo de migrantes japoneses llegó en 1897 al puerto de San Benito, hoy Puerto Madero, en Chiapas, donde iniciaron proyectos agrícolas en la región del Soconusco. A partir de entonces, más de 10 mil japoneses arribaron durante el porfiriato, participando en sectores como el ferrocarril, la pesca, la agricultura y el comercio en distintas regiones del país.

Finalmente, el historiador subrayó que la comunidad japonesa ha sido fundamental en la construcción del México pluricultural, consolidando su lugar a través del trabajo y la perseverancia.

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