Fósiles humanos hallados en Marruecos y fechados en 773 mil años podrían aportar respuestas a uno de los mayores enigmas de la evolución humana: la identidad del ancestro común de los humanos modernos, los neandertales y los denisovanos.
Los restos —tres mandíbulas, incluidos los fragmentos de un niño, además de dientes, vértebras y un fémur— fueron desenterrados en la cueva conocida como Grotte à Hominidés, ubicada en la Cantera Thomas, en Casablanca. Se trata de los primeros fósiles de homínidos descubiertos en África correspondientes a un periodo del que prácticamente no existían registros.
El hallazgo fue descrito este miércoles en la revista científica Nature. Jean-Jacques Hublin, autor principal del estudio y paleoantropólogo del Collège de France y del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, explicó que en el registro fósil africano existe un vacío entre hace un millón y 500 mil años. Los restos marroquíes se sitúan exactamente en ese intervalo.
Análisis mediante tomografías computarizadas revelaron que los individuos presentaban un “mosaico” de rasgos primitivos y evolucionados. Carecían de mentón, a diferencia del Homo sapiens, pero sus dientes muestran similitudes claras con los de los humanos modernos y los neandertales.
Aunque la mayoría de los fósiles fueron recuperados en 2008 y 2009, su datación precisa se logró recientemente mediante paleomagnetismo. La técnica permitió identificar que la capa geológica donde se encontraron coincide con la transición Matuyama-Brunhes, una inversión del campo magnético terrestre ocurrida hace 773 mil años. La geóloga Serena Perini, coautora del estudio, afirmó que este método permitió fijar la presencia de estos homínidos en un marco cronológico excepcionalmente preciso.
Marruecos también alberga los restos más antiguos conocidos de Homo sapiens, localizados en Jebel Irhoud y datados en unos 400 mil años. No obstante, Hublin subrayó que esto no implica que la región sea el origen exclusivo de la especie humana, sino que sus condiciones geológicas favorecen una mejor conservación de fósiles.
Los investigadores señalaron además que la cueva representaba un entorno hostil. El fémur presenta marcas de mordeduras atribuidas probablemente a hienas, y existen evidencias claras de ocupación frecuente por grandes carnívoros.
La relevancia del hallazgo radica en que podría corresponder a la especie ancestral de los últimos tres linajes humanos. La genética sitúa a ese ancestro común —a veces denominado “ancestro X”— entre hace 550 mil y 765 mil años, pero su identidad y localización seguían siendo inciertas.
Antonio Rosas, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, señaló que este ancestro sigue siendo una “figura esquiva” y que su correcta identificación es crucial para comprender las trayectorias evolutivas posteriores. Entre los candidatos se encuentran Homo antecessor, hallado en Atapuerca, España, y Homo heidelbergensis, presente en África y Eurasia.
Aunque el equipo no asignó un nombre científico formal a los fósiles marroquíes, Hublin indicó que muestran afinidades con Homo erectus, al tiempo que parecen estar cercanamente relacionados con los humanos modernos.
Para especialistas externos al estudio, el descubrimiento refuerza el papel central de África en la historia evolutiva humana. En un periodo clave y escasamente documentado, estos fósiles aportan evidencia directa de las poblaciones que precedieron a nuestra especie.





