Tres pelotas de hule con una antigüedad superior a los 3 mil 600 años, halladas en el sitio arqueológico de El Manatí, en Veracruz, forman parte de las exposiciones “Hule ritual: pelotas milenarias” y “El juego de pelota en Tenochtitlan”, que se presentan en los museos de la Grandeza Teotihuacana y del Templo Mayor, respectivamente.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) informó que, debido a la fragilidad del material, se implementó un protocolo especializado para garantizar su conservación durante el periodo de exhibición, resultado de más de 25 años de investigación sobre la preservación de este tipo de objetos arqueológicos.

La investigadora del Centro INAH Veracruz, María del Pilar Ponce Jiménez, explicó que el hule es un material orgánico altamente sensible a las condiciones ambientales y a la manipulación, por lo que la pérdida de humedad representa uno de los principales riesgos para su estabilidad. Con el paso del tiempo, las piezas han presentado disminución de elasticidad y peso, contracción, cambios de color, además de grietas y fisuras.

Las tres pelotas pertenecen al denominado Elemento 21 del sitio arqueológico El Manatí, correspondiente a la fase Manatí A, fechada entre 1700 y 1500 a.C. mediante estudios de carbono 14 calibrado. Cada una mide entre 10 y 15 centímetros de diámetro.

Para su exhibición se desarrolló un sistema temporal de conservación mediante anoxia pasiva, técnica que reduce la presencia de oxígeno dentro de vitrinas especiales para evitar la oxidación del hule proveniente del árbol Castilla elastica.

El sistema incluye vitrinas herméticas con absorbentes de oxígeno, monitoreo constante de humedad y temperatura mediante equipos electrónicos, así como el uso de probetas de Oddy para detectar posibles emisiones químicas generadas tanto por las piezas como por los materiales utilizados en el montaje.

El traslado de las pelotas también se realizó bajo condiciones controladas, utilizando empaques con barreras de oxígeno elaborados con plásticos multicapa y transporte con temperatura regulada para evitar alteraciones en las piezas.

Ponce Jiménez señaló que las condiciones ambientales de Veracruz representan un reto adicional para la conservación, debido a la alta presencia de sales que aceleran el deterioro de materiales como plásticos y contenedores, lo que obliga a realizar un monitoreo permanente.

Las pelotas forman parte de un conjunto de alrededor de 14 ejemplares localizados entre 1988 y 1996 en El Manatí, dentro de un contexto ritual asociado con posibles ceremonias dedicadas al agua o a los cerros. Actualmente, el conjunto se conserva mediante distintos métodos de preservación, de acuerdo con el estado de cada pieza, mientras que las tres exhibidas pertenecen al grupo conservado en ambiente seco.

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