Aunque Brasil mantiene la inflación bajo control y el desempleo en niveles históricamente bajos, el alto endeudamiento de los hogares y la percepción de que el dinero no alcanza podrían convertirse en un problema para las aspiraciones electorales del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

La inflación interanual se ubica en 4.44%, dentro de la meta establecida por el Banco Central, mientras que los precios de los alimentos han aumentado incluso por debajo de ese nivel. Sin embargo, una parte importante de la población considera que su poder adquisitivo se ha reducido.

El principal rival de Lula, Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, ha aprovechado este escenario durante la campaña con propuestas para reducir impuestos y contener los precios de los alimentos.

Uno de los principales factores detrás del malestar económico es el endeudamiento de las familias. De acuerdo con datos de la Confederación Nacional de Comercio de Bienes, Servicios y Turismo, ocho de cada 10 brasileños tienen deudas y casi una tercera parte de los hogares registra pagos atrasados.

El economista Rafael Chaves, de la Fundación Getúlio Vargas, advirtió que el sobreendeudamiento puede provocar una reducción del consumo, seguida de una disminución de las inversiones empresariales y del gasto público.

A este panorama se suman las elevadas tasas de interés. La tasa de referencia se encuentra en 14%, mientras que los intereses de las tarjetas de crédito alcanzan alrededor de 400% anual.

Chaves consideró que Brasil requiere un ajuste fiscal para contener el crecimiento de la deuda pública, que ya representa cerca del 82% del Producto Interno Bruto. De no realizarse, advirtió, el ajuste podría llegar mediante una mayor inflación, con un impacto particularmente fuerte en los hogares de menores ingresos.

El escenario económico también ha afectado la percepción del gobierno de Lula y sus posibilidades electorales. La encuesta más reciente de Datafolha ubica al presidente con 39% de las preferencias, frente a 32% de Flávio Bolsonaro.

En comparación con el mismo punto de la campaña anterior, Lula registra una ventaja menor. Hace cuatro años alcanzaba 47% de las intenciones de voto, mientras Jair Bolsonaro tenía 32%.

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