Las elecciones de mitad de mandato de 2026 podrían convertirse en un referéndum sobre el segundo gobierno de Donald Trump, con señales de un repunte demócrata que podría superar el registrado en 2018. Sin embargo, el mapa electoral, la ventaja financiera republicana y la redistribución de distritos podrían limitar el alcance de las pérdidas del partido gobernante.

El escenario combina dos tendencias contrapuestas. Por un lado, los demócratas muestran mayores niveles de entusiasmo electoral, mejores resultados en elecciones especiales y un creciente descontento ciudadano con la gestión de Trump. Por otro, los republicanos parten de una posición territorial más favorable y cuentan con mayores recursos financieros para defender sus escaños.

Economía y Trump impulsan el descontento

Uno de los principales factores que favorecen a los demócratas es el deterioro de la percepción sobre la economía.

En una encuesta reciente de CNBC, solo 27% de los estadounidenses calificó las condiciones económicas como excelentes o buenas, mientras que 73% las consideró regulares o malas. En octubre de 2018, antes de las elecciones de mitad de mandato que permitieron a los demócratas recuperar la Cámara de Representantes, las cifras eran prácticamente inversas: 58% tenía una opinión positiva de la economía y 40% una negativa.

El descontento también se refleja en la evaluación presidencial. El promedio de encuestas citado por CNN ubica la aprobación de Trump en 35%, frente a 63% de desaprobación. En las elecciones de 2018, 45% de los votantes aprobaba su gestión y 54% la desaprobaba.

La situación actual también presenta otros elementos de rechazo, como los efectos de la inflación, los aranceles y los recortes previstos en Medicaid.

Mayor participación demócrata

El entusiasmo electoral representa otro factor favorable para los demócratas.

El analista John Couvillon calculó que los candidatos demócratas concentraron 56% de los votos emitidos en las elecciones primarias celebradas este año a nivel nacional, por encima del 54% registrado en 2018.

Además, The Downballot estima que, en 110 elecciones especiales estatales y federales realizadas desde 2024, los candidatos demócratas han superado en promedio por 12.5 puntos porcentuales el resultado obtenido por Kamala Harris en esas mismas jurisdicciones. Entre 2017 y 2018, la ventaja sobre el resultado de Hillary Clinton había sido de 10.6 puntos.

Los cambios demográficos también podrían favorecer a los demócratas. En varios estados clave aumentó la proporción de votantes pertenecientes a minorías raciales y de personas blancas con estudios universitarios, mientras disminuyó la proporción de blancos sin título universitario, un grupo que tradicionalmente ha respaldado a Trump.

El mapa electoral favorece a los republicanos

Pese al ambiente político adverso, los republicanos cuentan con una ventaja importante: la mayoría de las contiendas competitivas se desarrolla en territorios donde Trump ganó en 2024.

Antes de la redistribución electoral, los republicanos solo defendían tres distritos de la Cámara que habían respaldado a Harris, mientras que en 2018 tenían 23 escaños correspondientes a distritos que habían votado por Hillary Clinton.

La nueva configuración también ha colocado a 13 legisladores demócratas en distritos donde Trump obtuvo al menos cinco puntos más que su porcentaje nacional, frente a solo cuatro distritos con esa característica en 2018.

Esto reduce el número de escaños republicanos vulnerables, aunque no elimina la posibilidad de que los demócratas recuperen la mayoría de la Cámara.

En el Senado, el desafío para los demócratas es todavía mayor. Entre los estados donde buscarán arrebatar escaños a los republicanos se encuentran Maine, Carolina del Norte, Alaska, Ohio, Texas e Iowa, además de Kansas y Nebraska, donde respaldan candidaturas independientes. Salvo Maine y Carolina del Norte, se trata de estados que Trump ganó con márgenes amplios en 2024.

El dinero como defensa republicana

Los republicanos también cuentan con una ventaja financiera considerable.

A diferencia de 2018, cuando los candidatos demócratas recaudaron más dinero que sus rivales republicanos en las principales contiendas, los comités republicanos y grupos externos disponen ahora de una posición financiera más favorable.

Cambios legales recientes también podrían permitir que los recursos de los comités partidistas y grupos externos tengan un mayor impacto en las campañas electorales.

A esto se suma que la percepción pública de ambos partidos es desfavorable. Los índices de favorabilidad del Partido Demócrata se mantienen alrededor de 37% a 39%, según encuestas de Pew Research. Sin embargo, los analistas citados consideran que, históricamente, la valoración del presidente en funciones tiene mayor peso en las elecciones de mitad de mandato que la imagen del partido opositor.

Un escenario todavía abierto

El resultado dependerá de qué tan fuerte sea la movilización demócrata y de cuánto logren los republicanos contener el desgaste de Trump entre votantes independientes y sectores de su propia coalición.

El bloque MAGA mantiene un fuerte respaldo al presidente, pero encuestadores republicanos señalan que una parte importante de los votantes republicanos no se identifica con ese movimiento y muestra un mayor distanciamiento respecto a Trump.

El riesgo para los republicanos no necesariamente consiste en que esos electores cambien de partido, sino en que decidan no votar.

Con una opinión pública más negativa hacia Trump, mayor entusiasmo demócrata y señales favorables en elecciones especiales, los demócratas parten con condiciones para recuperar terreno. Sin embargo, el mapa de distritos, la distribución geográfica del voto y la ventaja financiera republicana podrían impedir que esa tendencia se traduzca en una victoria amplia.

El factor decisivo será, por tanto, la combinación entre descontento con Trump, participación electoral y estructura del mapa político.

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