¿Por qué una pintura tradicional se reconoce sin discusión como arte, mientras que un urinario o una intervención irreverente sobre una obra clásica generan dudas? Esa es la pregunta central que plantea el Museo de Arte Moderno (MoMA) con la retrospectiva más ambiciosa en Estados Unidos del artista Marcel Duchamp desde 1973.

Con cerca de 300 piezas, la exposición busca desmontar la idea de Duchamp como un creador inactivo o meramente provocador, para mostrarlo como un artista meticuloso que revolucionó el concepto de arte al priorizar la idea sobre la estética tradicional.

Del lienzo al concepto

El recorrido inicia con La partida de ajedrez (1910), una obra que evidencia su dominio pictórico y su vínculo con el ajedrez, elemento recurrente en su vida.

Sin embargo, Duchamp tomó una decisión radical: alejarse del arte “retiniano” —centrado en lo visual— para explorar el arte como un acto intelectual. Esa transición lo llevó a crear piezas que desafiaron las nociones clásicas de belleza y técnica.

Entre ellas destaca La Fuente (1917), un urinario industrial convertido en obra de arte, considerado uno de los gestos más influyentes del arte contemporáneo.

También figura L.H.O.O.Q. (1919), una reproducción de La Gioconda intervenida con bigote y perilla, que ironiza sobre la sacralización de los grandes maestros.

Humor, identidad y provocación

La muestra también explora el uso del humor y la provocación como herramientas creativas, así como el juego con la identidad a través de su alter ego femenino, Rrose Sélavy.

Fotografiado por Man Ray, Duchamp utilizó este personaje para cuestionar no solo el arte, sino también los límites de la identidad y la autoría.

Una retrospectiva dentro de una maleta

Uno de los núcleos de la exposición es Caja en una maleta (1935-1941), una colección portátil de miniaturas de sus obras más importantes. Concebida en un contexto marcado por el avance del fascismo en Europa, esta pieza funcionó como una retrospectiva personal en un momento en que sus trabajos aún no estaban presentes en museos.

Un legado que sigue incomodando

El recorrido concluye con imágenes del artista en su vejez, captadas por Andy Warhol en 1966, cerrando un viaje de más de seis décadas de creación.

La exposición, que estará abierta del 12 de abril al 22 de agosto, no solo revisa la obra de Duchamp, sino que invita al público a cuestionar los límites del arte: si el valor está en la técnica, en la idea o en la capacidad de incomodar y transformar la mirada del espectador.

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