Tras los ataques coordinados de Estados Unidos y Israel contra puntos estratégicos en territorio iraní, el debate sobre un eventual cambio de régimen en Irán vuelve al centro de la escena internacional. Mientras Washington y Tel Aviv calificaron la ofensiva como “preventiva” para frenar el programa nuclear iraní, el presidente estadounidense instó abiertamente a los iraníes a impulsar una transformación política.

Sin embargo, más allá de las declaraciones y de la presión externa, la oposición iraní enfrenta un desafío estructural: su fragmentación y la ausencia de un liderazgo unificado dentro del país.

Desde 1979, tras la Revolución Islámica que derrocó al sha Mohammad Reza Pahlavi, Irán funciona como una teocracia en la que la máxima autoridad es el líder supremo, actualmente el ayatolá Ali Jamenei. El sistema combina poder religioso y político, y mantiene un estricto control sobre la actividad pública, los medios y la disidencia.

Monárquicos: la figura de Reza Pahlavi

Uno de los nombres que reaparece cada vez que se habla de transición es el de Reza Pahlavi, hijo del último sha y exiliado en Estados Unidos. Con amplio reconocimiento en la diáspora iraní, Pahlavi se presenta como una opción para liderar una transición hacia un Estado secular y democrático.

No obstante, su legitimidad dentro de Irán es incierta. Aunque durante recientes protestas algunos manifestantes corearon su nombre, el recuerdo del régimen monárquico sigue siendo motivo de división.

Muyahidines del Pueblo: organización sin respaldo interno

Otro actor relevante es la organización Muyahidines del Pueblo de Irán (MKO/MEK), liderada simbólicamente por Maryam Rajavi.

Se trata de uno de los grupos opositores mejor organizados en el exilio y con capacidad de lobby en Occidente. Sin embargo, dentro de Irán su imagen está profundamente deteriorada, en parte por su alianza con Irak durante la guerra entre ambos países en la década de 1980. Analistas coinciden en que, pese a su estructura sólida, carece de una base social amplia en el territorio iraní.

Reformistas: cambio desde dentro

En el interior del país, los reformistas han intentado impulsar cambios graduales. Figuras como Mir-Hosein Musaví y Mehdi Karroubi han sufrido arrestos domiciliarios, mientras que el expresidente Mohammad Khatami representa una corriente que aboga por reformas dentro del sistema.

No obstante, el margen de acción de este sector es limitado. La represión y la vigilancia constante han reducido su capacidad de organización y liderazgo visible.

“Mujer, Vida y Libertad”: la nueva generación

El movimiento más potente de los últimos años surgió tras la muerte de Mahsa Amini en 2022, bajo el lema “Mujer, Vida y Libertad”. Integrado principalmente por jóvenes, mujeres y minorías étnicas, el movimiento expresó un profundo malestar social frente a las restricciones políticas y culturales.

Aunque logró movilizaciones masivas, su carácter descentralizado y la fuerte represión estatal dificultaron su consolidación como alternativa política organizada.

¿Fortalecimiento o debilitamiento del régimen?

La historia reciente sugiere que, frente a amenazas externas, el liderazgo iraní tiende a cerrar filas. El aparato militar y de seguridad, clave en la estructura de poder, suele reforzar su cohesión en contextos de confrontación internacional.

Por ello, los ataques externos podrían tener un efecto paradójico: debilitar económicamente al país y aumentar el descontento social, pero al mismo tiempo fortalecer el discurso nacionalista y justificar una mayor represión.

Un futuro incierto

La oposición iraní existe y mantiene presencia tanto dentro como fuera del país, pero permanece atomizada y sin una figura capaz de articular un proyecto común con legitimidad interna y reconocimiento internacional simultáneamente.

Un eventual cambio de régimen dependería no solo de la presión externa o de la movilización social, sino de una posible fractura dentro del propio sistema político y militar iraní. Por ahora, ese escenario sigue siendo incierto.

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