La conservación de los bosques en la Sierra Gorda de Querétaro no depende únicamente de incentivos económicos, sino también de la relación que las comunidades construyen con su territorio, de acuerdo con la experiencia del Grupo Ecológico Sierra Gorda (GESG).

La organización denomina economía emocional al conjunto de valores, conocimientos, capacidades y vínculos que permiten que las comunidades participen en la conservación y mantengan a largo plazo las acciones de regeneración de la naturaleza.

El concepto busca colocar a las personas en el centro de la economía circular, bajo la premisa de que los incentivos para reciclar, conservar los bosques o desarrollar actividades relacionadas con la biodiversidad requieren de comunidades involucradas y conscientes del valor de su territorio.

“La economía emocional no sustituye a la economía circular; la hace posible y sostenible en el tiempo”, plantea Martha “Pati” Ruiz Corzo, fundadora y directora general del GESG.

La Sierra Gorda alberga a más de 100 mil habitantes en 638 comunidades, dentro de una de las regiones con mayor biodiversidad de México. En este territorio, más de 70% de la tierra está en manos de pequeños propietarios y 30% corresponde a superficies ejidales o comunales.

Ante este contexto, la conservación debe ofrecer alternativas económicas frente a actividades como la agricultura de subsistencia, el ramoneo, el pastoreo y la tala.

Uno de los ejes del modelo es la educación ambiental. Desde 1987, el GESG ha desarrollado las Fiestas de la Tierra en escuelas de la región, mediante actividades que combinan música, teatro, arte y conocimiento del territorio.

Estas acciones han llegado a más de 180 mil niños en más de 170 escuelas, con el objetivo de generar desde edades tempranas una relación de conocimiento y cuidado con el entorno.

Otro ejemplo es el manejo de residuos. El GESG ha construido, apoyado y equipado más de 170 centros de acopio comunitarios, operados por habitantes de las propias localidades.

En conjunto, estos centros recolectan aproximadamente 800 toneladas de materiales reciclables al mes y han permitido el surgimiento de microempresas dedicadas a la recolección, separación y comercialización de residuos.

La conservación de los bosques también se ha convertido en una fuente de ingresos mediante el Programa Carbono Biodiverso, que permite que los propietarios reciban pagos por los servicios ambientales de los bosques que mantienen en pie.

El programa se vincula con un impuesto subnacional al carbono en Querétaro, mediante el cual empresas pueden compensar emisiones a través de proyectos locales de conservación. De esta manera, los propietarios que protegen sus terrenos reciben un beneficio económico por el carbono capturado por sus bosques.

A este modelo se suman actividades como el ecoturismo, con una red de más de 60 microempresas comunitarias que ofrecen hospedaje, recorridos, experiencias culturales, campamentos y alimentos, generando ingresos para familias de la región.

En las zonas semidesérticas, el aprovechamiento sustentable de plantas nativas como orégano, damiana y piñón rosa también permite desarrollar cadenas de valor mediante la transformación y comercialización de productos.

Para el GESG, estas experiencias muestran que conservación y desarrollo económico pueden reforzarse cuando los beneficios regresan a las comunidades y se acompaña el ingreso económico con educación, organización y apropiación del territorio.

Entre las principales lecciones identificadas por la organización se encuentra que la pobreza puede limitar la capacidad de las comunidades para priorizar objetivos ambientales de largo plazo; además, las condiciones geográficas de la Sierra Gorda elevan los costos y dificultades logísticas para establecer sistemas de economía circular.

La organización también destaca la importancia de las políticas públicas, como el impuesto estatal al carbono que sustenta el Programa Carbono Biodiverso, así como la participación de las comunidades en el diseño y mantenimiento de las soluciones.

Bajo esta perspectiva, la economía circular no se limita al aprovechamiento de residuos o a la generación de ingresos a partir de recursos naturales. También requiere construir responsabilidad, orgullo, conocimiento y sentido de pertenencia hacia el territorio.

El planteamiento del GESG es que la conservación será sostenible cuando exista un equilibrio entre naturaleza, personas y economía: un bosque protegido necesita una comunidad que lo valore y una comunidad necesita alternativas económicas que permitan conservarlo sin comprometer su bienestar.

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