Nada mejor que un triunfo para celebrar la conquista de una copa. Nunca empalaga y mantiene enchufado, esquiva el riesgo de la resaca. No se la puede permitir River, y menos ante sus hinchas, dulces al llegar al Monumental y saboreando a la salida una victoria que le da al equipo de Martín Demichelis el primer puesto de la disputada Zona A de la Copa de la Liga, en la que cualquier descuido o resbalón se paga con la salida de los puestos de play-off.
Como ante Estudiantes por la Supercopa Argentina, River debió reponerse de una desventaja, otra vez a remar desde atrás. Tiene recursos para ello y el tanque de la confianza lo lleva bastante cargado. River no es un equipo perfecto y tiene sus despistes, pero puesto a atacar es difícil de aguantar, en algún momento mete un golpe que le corta la respiración al rival. Y hasta lo puede hacer sin anunciar, porque Gimnasia le había emparejado el desarrollo cuando Leandro González Pirez rompió desde atrás, se encontró con campo abierto y sin oposición para sacar un remate de media distancia que, al desviarse en Sánchez, descolocó al arquero Insfrán.
El zaguero central fue el goleador más inesperado en un equipo con marcada vocación ofensiva. Y ya son varios los goles que River consigue tras desvíos que desacomodan a los arqueros. ¿Suerte? Algo puede haber, pero también es consecuencia de la percusión en ataque. River contabilizó 22 remates (10 al arco) contra el Lobo. Y no necesitó de un Borja iluminado.
Tuvieron su reconocimiento los que ingresaron en el segundo tiempo y ayudaron a dar vuelta el resultado para levantar la Supercopa Argentina. Los cinco cambios del miércoles en Córdoba fueron titulares este domingo. Demichelis reparó en los méritos más recientes, aprovechó la profundidad que ahora tiene el plantel –nada que ver con el comienzo del torneo, cuando echó mano de seis juveniles para tener ocho relevos en el banco- y rotó la formación, con Barco y Nacho Fernández entre los relevos.





