Para miles de personas que han huido de Corea del Norte, la música surcoreana representa mucho más que entretenimiento. De acuerdo con testimonios recogidos por la BBC, el K-pop se convirtió para muchos desertores en una primera muestra de libertad, una fuente de esperanza y un puente para adaptarse a una nueva vida en Corea del Sur.
Lee Yeon-su, quien escapó de Corea del Norte en 2011, recuerda que en su país solo podía asistir a actos culturales si era seleccionada por las autoridades. Hoy, en contraste, viaja libremente para asistir a conciertos de BTS, grupo del que es seguidora y al que ha visto en varias ocasiones.
Según relata, durante su infancia le enseñaron que Corea del Sur era el enemigo y nunca había escuchado música surcoreana. Sin embargo, tras llegar al Sur encontró en BTS un espacio de pertenencia que le ayudó a superar el estigma de ser desertora y a aceptar su propia historia.
Otros desertores aseguran que, pese a las restricciones impuestas por el régimen de Kim Jong-un, el K-pop logra ingresar clandestinamente al país mediante tarjetas SD, reproductores MP3 o señales de televisión captadas cerca de la costa.
Kang Gyu-ri, quien abandonó Corea del Norte en 2023, contó que una de las canciones más populares entre los jóvenes era “Dynamite”, de BTS, aunque la mayoría desconocía el significado de la letra en inglés. También recordó que grupos como Teen Top, Girls’ Generation y Blackpink circulaban de forma clandestina entre los adolescentes, quienes imitaban sus coreografías y estilos de vestir.
Hannah Oh, otra desertora, explicó que escuchar música surcoreana implicaba un alto riesgo. Las autoridades organizaban sesiones públicas para exhibir a quienes eran descubiertos consumiendo contenidos provenientes del Sur y advertir sobre las consecuencias, que podían incluir centros de detención. Aun así, aseguró que muchas personas continuaban escuchando esas canciones porque representaban “una ventana al mundo exterior”.
De acuerdo con el reportaje, el régimen de Kim Jong-un ha endurecido las sanciones contra quienes consumen cultura popular surcoreana. Incluso se menciona que, en 2022, tres adolescentes fueron presuntamente ejecutados por distribuir este tipo de contenidos. Pese a ello, una encuesta realizada en 2023 entre desertores reveló que el 98 por ciento afirmó haber visto dramas o películas surcoreanas mientras vivía en Corea del Norte y alrededor del 80 por ciento señaló que esa experiencia despertó su interés por conocer el país vecino.
Para muchos de ellos, BTS ha adquirido un significado especial. Yeon-su relata que canciones como Answer: Love Myself le ayudaron a enfrentar el trauma de su pasado, mientras que Hana Kang encontró en Spring Day un reflejo de la nostalgia que siente por la familia que dejó atrás.
Los testimonios coinciden en que la música surcoreana no solo ofrecía entretenimiento, sino también la posibilidad de imaginar una vida distinta. Para quienes crecieron bajo uno de los regímenes más cerrados del mundo, escuchar esas canciones significó descubrir que existía otra forma de vivir y de expresar libremente sus emociones.






