Un hallazgo sorprendente ha captado la atención de la comunidad científica internacional: un coral gigantesco, oculto durante siglos dentro de un volcán submarino, podría tener más de 2,000 años de antigüedad.

La estructura, formada por colonias de Porites rus, se encuentra en la caldera volcánica de Maug, dentro del archipiélago de Islas Marianas. Su tamaño es monumental: más de 1,300 metros cuadrados, con dimensiones que alcanzan hasta 60 metros en su base.

El descubrimiento fue documentado en 2025 por científicos de NOAA, quienes enfrentaron dificultades para medirlo debido a su enorme escala. Según explicó el investigador Thomas Oliver, las limitaciones del buceo impidieron una medición sencilla.

Además de su tamaño, su antigüedad lo convierte en un organismo extraordinario. Dado que este tipo de coral crece aproximadamente un centímetro por año, los expertos estiman que podría haber comenzado a formarse hace más de dos milenios, cuando civilizaciones como el Imperio romano aún existían.

Sin embargo, lo más intrigante no es solo su longevidad, sino el entorno extremo en el que sobrevive. El coral habita en una zona donde emana dióxido de carbono de forma constante, generando condiciones de alta acidez en el agua, un ambiente que normalmente resulta letal para muchas especies marinas.

La científica Hannah Barkley destacó el contraste del lugar: áreas prácticamente sin vida conviven a pocos metros de este “megacoral” que no solo resiste, sino que prospera.

El hallazgo cobra especial relevancia en un contexto global donde más del 75% de los arrecifes han sido afectados por el calentamiento de los océanos y el blanqueamiento masivo.

Este descubrimiento podría ofrecer pistas clave sobre la resiliencia de los corales frente al cambio climático.

Un caso similar ocurrió recientemente en las Islas Salomón, donde un equipo de National Geographic encontró otro coral gigante de la especie Pavona clavus, con dimensiones comparables a una estructura monumental y una edad estimada de entre 300 y 500 años.

Ambos descubrimientos refuerzan una idea inquietante y fascinante: el océano aún guarda secretos colosales, y apenas comenzamos a comprender su magnitud y relevancia para el futuro del planeta.

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