La comisión del Gobierno de Brasil encargada de investigar los casos de muertos y desaparecidos durante la dictadura militar concluyó que el expresidente Juscelino Kubitschek fue asesinado por agentes del régimen y que su muerte, ocurrida en 1976, fue provocada por el Estado en un contexto de persecución política.
El informe, elaborado por la historiadora Maria Cecília Adão y aprobado por la mayoría de los integrantes de la Comisión Especial sobre Muertos y Desaparecidos Políticos, determinó que el supuesto accidente automovilístico en el que perdió la vida el exmandatario nunca ocurrió en los términos oficialmente reportados.
Con seis votos a favor y una abstención, el organismo vinculado al Ministerio de Derechos Humanos concluyó que la muerte de Kubitschek fue violenta y resultado de acciones estatales dirigidas contra opositores o personas consideradas una amenaza para la dictadura militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985.
La resolución establece además que se revise el procedimiento administrativo relacionado con el fallecimiento del exgobernante para corregir oficialmente su certificado de defunción.
La decisión contradice las conclusiones de la Comisión Nacional de la Verdad, que hace aproximadamente una década determinó que no existían pruebas suficientes para descartar que el exmandatario hubiera muerto en un accidente de tránsito.
Kubitschek, conocido popularmente como “JK”, es considerado una de las figuras políticas más importantes de la historia brasileña. Durante su mandato impulsó un amplio proceso de industrialización y promovió la construcción de Brasilia, la actual capital del país, inaugurada en 1960.
Su gobierno, recordado como los “años dorados”, coincidió con un periodo de fuerte crecimiento económico, expansión de la clase media y avances industriales y tecnológicos. También fue la época en que Brasil conquistó su primer campeonato mundial de futbol y la música de la Bossa Nova alcanzó reconocimiento internacional.
Tras el establecimiento de la dictadura militar, la popularidad de Kubitschek y sus intentos de regresar a la vida política fueron percibidos por sectores del régimen como una posible amenaza.
El expresidente falleció el 22 de agosto de 1976 cuando el vehículo en el que viajaba por la carretera entre São Paulo y Río de Janeiro colisionó con un autobús.
Desde entonces, las circunstancias de su muerte han sido objeto de controversia. Diversas comisiones regionales y municipales de la verdad respaldaron la hipótesis de un atentado, al considerar que el automóvil pudo haber perdido el control debido a un sabotaje mecánico, un disparo o incluso el envenenamiento del conductor antes del impacto.
La nueva resolución reabre uno de los episodios más debatidos de la historia reciente de Brasil y refuerza las investigaciones sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas durante el régimen militar.






