En las laderas escarpadas que rodean el Lago de Atitlán, a unos 150 kilómetros de la Ciudad de Guatemala, un café de especialidad ha encontrado una ruta directa hacia el Lejano Oriente, consolidando la presencia del grano guatemalteco en el mercado chino.
Desde la finca Santa Victoria, ubicada en el municipio de Panajachel, en el departamento de Sololá, productores locales han logrado posicionar un café de altura que destaca por su calidad y perfil aromático.
Altitud y calidad como sello distintivo
Situada a unos 1.650 metros sobre el nivel del mar, la finca aprovecha la fertilidad volcánica y las condiciones climáticas de la región para producir lo que su administrador, Víctor Sacuj, define como un “café de altura”.
“La altitud nos da la facultad para sacar un café que tenga muchos sabores y muchos aromas”, explicó Sacuj en entrevista con EFE, mientras recorría los cafetales.
Con una plantación de 14 manzanas (aproximadamente 9,8 hectáreas), Santa Victoria produce entre 200 y 250 quintales anuales de café oro, el grano verde ya procesado y listo para exportación. Se trata de una producción tipo “boutique”, enfocada en la calidad más que en el volumen.
El proceso incluye un estricto control de enfermedades como la roya y un acompañamiento técnico cercano con la Asociación Nacional del Café (Anacafé). Gracias a ello, el grano alcanza puntuaciones de catación de entre 85 y 86 puntos, lo que lo ubica dentro del rango de cafés especiales.
Además de China, el producto compite en mercados tradicionales como Estados Unidos, Japón y Canadá.
Motor clave de la economía guatemalteca
El desempeño de fincas como Santa Victoria se inscribe en un contexto de expansión del sector cafetalero. Según el Banco de Guatemala (Banguat), la industria del café es uno de los pilares más dinámicos de la economía nacional.
Al cierre de 2025, las exportaciones de café alcanzaron 1.307,3 millones de dólares, lo que representó un crecimiento del 43,2 % respecto a 2024. Actualmente, el café aporta el 8,4 % del valor total del comercio exterior del país —que sumó 15.587,4 millones de dólares el año pasado— y se consolida como el segundo producto de exportación más importante de Guatemala, solo detrás de los artículos de vestuario.
Sacuj explicó que la caída en la producción de grandes potencias cafetaleras como Brasil, afectada por fenómenos climáticos, ha reducido la oferta global y mejorado las condiciones para productores guatemaltecos.
“Algunos países productores han tenido problemas en su cosecha por el cambio climático, y eso ha ayudado a que, como pequeños productores en Guatemala, nuestro café tenga mejores precios que en años anteriores a nivel internacional”, concluyó.
Así, desde las montañas que abrazan el Lago de Atitlán, el café de especialidad guatemalteco refuerza su prestigio global y demuestra que la calidad puede abrir mercados incluso a miles de kilómetros de distancia.






