Brasil se perfila como uno de los principales actores mundiales en la producción de tierras raras, minerales estratégicos para la fabricación de vehículos eléctricos, turbinas eólicas, centros de datos de inteligencia artificial y dispositivos tecnológicos, en medio de una creciente demanda global por estos recursos.
De acuerdo con especialistas del sector minero, el país sudamericano cuenta con las mayores reservas de tierras raras después de China, con aproximadamente 21 millones de toneladas, equivalentes al 23 por ciento de las reservas mundiales.
Uno de los proyectos más ambiciosos es el denominado Caldeira, ubicado en el estado de Minas Gerais, desarrollado por la empresa australiana Meteoric Resources. El yacimiento es considerado el mayor depósito mundial de arcillas iónicas, una fuente clave de tierras raras pesadas como el disprosio y el terbio, fundamentales para la producción de imanes de alto rendimiento.
El director ejecutivo de la compañía, Andrew Tunks, aseguró que los próximos grandes proyectos de tierras raras estarán en Brasil y estimó que, con el tiempo, el país podrá competir directamente con China en este mercado estratégico.
Según la Agencia Internacional de la Energía, la demanda de estos minerales para la fabricación de imanes se ha duplicado desde 2015 y podría crecer más de 30 por ciento hacia 2030, impulsada por la transición energética y el desarrollo de tecnologías basadas en inteligencia artificial.
El auge del sector ha provocado una expansión de proyectos mineros en Brasil. Actualmente existen más de 2 mil 700 solicitudes relacionadas con la exploración y explotación de tierras raras ante las autoridades brasileñas.
La importancia estratégica de estos minerales también ha generado fuertes movimientos empresariales. En abril de 2026, la compañía estadounidense USA Rare Earths adquirió la minera brasileña Serra Verde por 2 mil 800 millones de dólares. La operación incluyó la mina ubicada en Minaçu, en el estado de Goiás, considerada la única instalación fuera de Asia capaz de producir a gran escala las cuatro principales tierras raras magnéticas.
A pesar de la abundancia de recursos, Brasil aún enfrenta el desafío de desarrollar capacidades industriales para procesar y refinar estos minerales. Actualmente, China concentra más del 90 por ciento del refinado mundial y alrededor del 95 por ciento de la fabricación de imanes permanentes, manteniendo una posición dominante en la cadena global de suministro.
Especialistas consideran que una de las principales ventajas brasileñas es la composición geológica de sus yacimientos. Cerca del 73 por ciento de las reservas están formadas por arcillas iónicas, materiales que facilitan la extracción y reducen la complejidad de los procesos mineros.
Además, la disponibilidad de energía renovable y costos energéticos competitivos fortalecen el atractivo del país para nuevas inversiones en el sector.
La expectativa de empresas e inversionistas es que Brasil no solo se convierta en un proveedor de materias primas, sino que logre desarrollar una cadena de valor completa que incluya procesamiento, refinación y manufactura, reduciendo así la dependencia global de China en uno de los recursos más importantes para la economía tecnológica del siglo XXI.





