Si se habla de celebridades que continúan generando ingresos tras su muerte, el nombre de Michael Jackson se mantiene como referencia absoluta. De acuerdo con estimaciones de Forbes, su patrimonio creció en unos 3,500 millones de dólares entre 2009 y 2025, una cifra que explica en buena medida el enfoque de su nueva película biográfica: más celebratoria que reveladora.
El filme —protagonizado por su sobrino Jaafar Jackson— cuenta además con la participación de miembros de la familia del artista en la producción, lo que condiciona claramente el tono narrativo. La historia inicia en 1988, en pleno auge del “Rey del Pop”, y retrocede a su infancia en 1966, cuando formaba parte de los The Jackson 5 bajo la estricta supervisión de su padre.
La cinta, dirigida por Antoine Fuqua y escrita por John Logan, opta por centrarse en el talento musical, la disciplina y la visión artística de Jackson, dejando fuera los episodios más polémicos de su vida. No hay referencias a los juicios por abuso, al rancho Neverland ni a otras controversias que marcaron su trayectoria pública.
En su lugar, la narrativa construye una imagen pulida: un artista brillante, exigente y marcado por una infancia difícil, pero sin profundizar en traumas o conflictos complejos. Incluso su relación con su padre aparece suavizada en comparación con otras biografías musicales contemporáneas.
El peso real de la película recae en la música. Momentos icónicos como la creación del videoclip de Thriller o interpretaciones de temas como “Billie Jean” funcionan como eje emocional y espectáculo visual, reforzando el carácter de homenaje más que de revisión crítica.
El proyecto, con un presupuesto superior a los 160 millones de dólares, se perfila como uno de los biopics musicales más ambiciosos, en una tendencia donde el cine sigue redefiniendo figuras públicas globales. Ejemplos recientes incluyen producciones sobre Freddie Mercury, Elvis Presley y Bob Dylan.
Más allá de su calidad cinematográfica, la película evidencia cómo estas producciones pueden funcionar como herramientas para moldear la memoria colectiva. En este caso, el resultado es claro: una versión cuidadosamente curada de Michael Jackson, donde el mito del genio musical prevalece sobre cualquier sombra.






